A soga corta…

POR CRISTHIAN JIMENEZ.- La discusión no es si en Cuba rige un gobierno democrático. Clarísimo, que no. Hay personas que parece lo descubren ahora ante la decisión del gobierno dominicano de expulsar a diplomáticos cubanos y sus familiares, amparado en la Convención de Viena, sin revelar las razones.

Para justificar la medida no es necesario entrar a ventilar la penosa realidad que viven los cubanos desde hace decenios, agravada por la caída de la otrora Unión Soviética y recientemente por la decisión estadounidense de tomar el control militar, político y económico de Venezuela, con pocos tiros y muchas complicidades. Trump cortó el apoyo venezolano y dictó a los aliados en la región y advirtió al mundo que no aceptaría oxígeno para Cuba. Extremó el bloqueo.

Esa Cuba, que se congeló en el tiempo, con déficit de creatividad de sus líderes, que pasó de revolución a involución, es la misma que visitó en 2023 el canciller Roberto Álvarez, quien planteó al presidente Díaz-Canel el interés de fortalecer el intercambio con esa isla en áreas de biotecnología, ciencias, agricultura, educación, industria farmacéutica, salud, entre otros. Además, conversaron para definir pasos en la ejecución del acuerdo Marco de Cooperación entre ambos países, firmado en 2019.

¿Qué ha cambiado? El gobierno de los Estados Unidos y la radicalización de la agenda trumpista, que co-gobierna con personas que definió como “narcoterrorista” en Venezuela y que mantiene relaciones diplomáticas con dictaduras, pero que impone limitación a sus “aliados” para manejar relaciones bilaterales.

La Cancillería ha callado el motivo de la expulsión de los diplomáticos cubanos, alegando que trataría el asunto “con la debida discreción” con el objetivo de preservar las relaciones entre ambos países. Cuba negó la violación de la Convención de Viena, y dijo que RD respondía a presiones de los Estados Unidos. Cuba, Nicaragua y la “otra” Venezuela no fueron invitadas a la suspendida Cumbre de las Américas que organizaba RD en 2025.

No creo que ayuden al gobierno, amigos y aliados que apoyan empujar el desguañangue de Cuba.

¿Qué estará pasando por la cabeza de Álvarez, excoordinador de Participación Ciudadana (habrá que esperar un libro con sus Memorias) y del presidente de la República, hijo del doctor José Rafael Abinader, ministro de Finanzas del Gobierno Constitucionalista de 1965?

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