Santiago. Durante años, el Arroyo Gurabo fue sinónimo de contaminación, pobreza extrema y peligro constante, hoy, ya en su tercera etapa ese mismo espacio es un corredor verde con parques y saneamiento ambiental.
Pero en medio de la transformación más ambiciosa de Santiago en décadas, emergen tensiones, reclamos y denuncias de personas que, según las autoridades, intentan beneficiarse sin haber sido parte del levantamiento original.
El proyecto de saneamiento del Parque Lineal Arroyo Gurabo es la obra de mayor envergadura de rescate medioambiental, desarrollado por Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (INAPA), que no solo representa una obra de infraestructura, es, en palabras de Percy Álvarez, director ejecutivo de Santiago Solidario, “una intervención que redefine la vida de miles de personas”.
“Nosotros vimos durante años cómo familias vivían al borde del desastre, cada crecida del río era una amenaza real: casas que se deslizaban, niños expuestos, gente que perdía todo de la noche a la mañana, este proyecto viene a romper ese ciclo”, explica.
El Arroyo Gurabo es considerado uno de los principales focos de contaminación del río Yaque del Norte, aportaba —según estudios técnicos— cerca del 43% de la carga contaminante, tras la intervención, por tanto, no solo tiene un impacto social, sino también ambiental y sanitario de gran escala.
Hoy, donde antes había aguas residuales y viviendas improvisadas, hay áreas verdes, senderos, espacios de recreación y soluciones habitacionales planificadas, en el distrito municipal de Hato del Yaque.
Uno de los pilares del proyecto ha sido el levantamiento de viviendas y familias, un proceso que, según Álvarez, se realizó con rigor técnico antes de iniciar cualquier intervención.
“Visitamos cada vivienda en 19 comunidades, no fue algo improvisado, se hizo con el apoyo de la Defensa Civil, con equipos entrenados, levantando información socioeconómica y registrando cada casa con herramientas tecnológicas”, detalla.
El proceso incluyó fichas detalladas por familia, fotografías y georreferenciación satelital mediante sistemas digitales que permiten ubicar con precisión cada vivienda intervenida.
“Cuando tú entrevistas a una familia, tomas la foto de la casa y eso queda registrado en el sistema, cualquier reclamo puede ser verificado, eso nos da seguridad y transparencia”, afirma.
Este registro, insiste, es clave para desmontar las denuncias de personas que alegan haber sido excluidas. “Hay gente que quiere aprovecharse”
En medio del proceso, han surgido reclamos de supuestos afectados que aseguran no haber recibido viviendas, sin embargo, Percy Álvarez advierte que no todos los casos corresponden a beneficiarios reales.
“Hay personas que nunca vivieron en la zona o que no entregaron ninguna vivienda, pero ahora quieren figurar, eso crea confusión y a veces genera titulares que no reflejan la realidad”, sostiene.
El director ejecutivo de Santiago Solidario señala que incluso algunos contenidos difundidos en redes sociales han contribuido a distorsionar el proceso. “Es muy fácil grabar un video y decir ‘yo vivía ahí’, pero cuando vamos al sistema, no aparece, por eso pedimos responsabilidad, incluso a la prensa, para verificar antes de publicar”, agrega.
Aunque el proyecto avanza, no ha estado exento de dificultades. Alrededor de 100 familias aún esperan la entrega de sus apartamentos, lo que ha generado incertidumbre y presión.
Estas familias, según explicó Álvarez, fueron reubicadas temporalmente en viviendas alquiladas, cuyos costos están siendo asumidos por el propio proyecto. “Entendemos la desesperación, pero no vamos a dejar a nadie desamparado, estamos comprometidos a cumplir con cada familia”, asegura.
Impacto social y prevención de riesgos
El proyecto del río Gurabo se estructura en tres grandes componentes que, en conjunto, redefinen el entorno, primero el saneamiento de aguas residuales: eliminación de descargas directas al río desde comunidades aledañas, segundo el encauzamiento y recuperación del río: limpieza, control de inundaciones y reducción del riesgo ambiental, y tercero transformación urbana: construcción de viviendas dignas, parques, senderos y espacios públicos. El proyecto de saneamiento ha permitido la reubicación de 130,000 familias, un avance que ha sido clave para reducir la vulnerabilidad.
JOSE ADRIANO RODRIGUEZ
