SANTO DOMINGO.- La magia de los Reyes Magos volvió a tomar las calles del Gran Santo Domingo, transformando los espacios públicos en un colorido escenario de juegos y tradición.
Un equipo de Listín Diario recorrió diversos puntos de la capital, desde sectores de clase media hasta los barrios más populares, capturando una jornada donde la ilusión infantil fue la protagonista, aunque manifestada a través de juguetes y entornos muy distintos.
Despliegue de ruedas y tecnología
En el Parque Mirador Sur, el ambiente fue de pura integración familiar.
Bajo la sombra de los árboles, los terrenos se llenaron de niños que estrenaban carros a control remoto, bicicletas y patinetas.
La tendencia tecnológica se hizo notar con los adolescentes que dominaban el asfalto sobre patinetas eléctricas de equilibrio, mientras que las más pequeñas mantenían viva la ternura clásica jugando con los populares muñecos «Minenes«.
Entre risas y picnics improvisados, las familias aprovecharon el feriado para convertir el parque en un espacio de esparcimiento seguro.
El contraste llegó al alcanzar el Malecón de Santo Domingo. A diferencia de años anteriores, el área de Güibia presentó un panorama inusualmente solitario, con una presencia mínima de niños, marcando un silencio que desentonaba con la energía del resto de la ciudad.
Sin embargo, esa calma desaparecía al entrar al corazón de sectores como Villa María, 27 de Febrero, Villa Francisca y el Ensanche Espaillat.
Allí, la celebración fue vibrante y ruidosa. En estas calles, la adrenalina la pusieron las «pistolas de bolitas» y los juegos de temática bélica, que compartían espacio con bicicletas y motocicletas eléctricas.
Una de las imágenes más curiosas de la jornada fue ver a una pequeña conduciendo con destreza un jeep eléctrico entre los callejones, acaparando las miradas de los vecinos.
A pesar de las marcadas diferencias en los juguetes, desde sofisticados dispositivos electrónicos en el Mirador hasta las ruidosas pistolas de agua en los barrios, el sentimiento de fondo resultó ser el mismo.
El recorrido evidenció que, más allá del entorno económico, la meta de los padres dominicanos sigue siendo la misma: hacer lo imposible por mantener viva una tradición que cada 6 de enero logra detener el tiempo para regalarle una sonrisa a la infancia.
ARIANNA CAROLINA PEREZ MERCEDES / LISTIN DIARIO
