¿Cuánto estaría dispuesto a pagar por un recuerdo de un personaje muy famoso?
¿Cientos, miles o quizás millones de pesos?
Pues ¡asómbrate!
Alguien se desprenderá de 15 millones de dólares, nada más y nada menos que 881.297,100.00 pesos dominicanos, al cambio actual, por una reliquia.
Una de esas piezas está a punto de salir al mercado: la camiseta blanca de los Chicago Bulls que Michael Jordan utilizó durante el tercer partido de las Finales de la NBA de 1998, la última serie por el campeonato que disputó con la franquicia. Su precio estimado de preventa oscila entre 10 y 15 millones de dólares, una cifra que, llevada a la moneda dominicana, ronda los 881 millones de pesos en el extremo superior de la estimación.
De acuerdo con Rodney Knuppel, de The Sporting News, la subasta será organizada por Joopiter y está programada del 15 al 30 de septiembre. Si la puja alcanza los 15 millones de dólares, la camiseta no solo cambiará de propietario: podría convertirse en el uniforme de baloncesto más caro jamás vendido públicamente.
Y hay un detalle que vuelve todavía más extraordinaria la historia: el récord vigente también pertenece a Jordan.
Una camiseta, dos récords en juego
En septiembre de 2022, una camiseta de visitante que Jordan utilizó en el primer partido de aquellas mismas Finales de 1998 fue adjudicada por 10,091 millones de dólares en Sotheby’s. Hasta ahora, ese precio permanece como la cifra más alta pagada en una subasta pública por una camiseta de baloncesto.
La nueva pieza tiene argumentos para desafiarla.
El uniforme corresponde al tercer partido de la serie y lleva el emblemático parche de las Finales de la NBA de 1998. Además, fue utilizado durante la última serie de partidos de campeonato que Jordan disputó como local con los Bulls.
Pero su valor no reside únicamente en el nombre estampado en la espalda.
El objeto que sobrevivió a una era distinta
Las camisetas utilizadas en las Finales de 1998 son especialmente difíciles de encontrar porque pertenecen a una época en la que la NBA todavía no había desarrollado el enorme mercado de memorabilia deportiva que existe actualmente.
No había un sistema generalizado para conservar y comercializar uniformes utilizados en cada partido. Los jugadores tampoco recibían camisetas nuevas con la frecuencia que ocurre en el deporte profesional contemporáneo.
Barry Meisel, fundador de MeiGray, explicó a The Athletic que Jordan representa una rareza particular frente a las grandes estrellas actuales, como LeBron James o Stephen Curry. La diferencia no está solamente en la grandeza del jugador, sino en las condiciones de la época: había muchas menos camisetas disponibles y, por tanto, menos oportunidades de que piezas históricas llegaran al mercado.
Esa escasez altera por completo la lógica del coleccionismo. No se trata simplemente de comprar una camiseta usada por una leyenda. Se trata de adquirir un objeto cuya procedencia está vinculada a uno de los capítulos más reconocibles de la historia del deporte moderno.
RAFAEL MARTINEZ-EL NACIONAL.COM.DO
