POR DANILO CRUZ PICHARDO.- El pasado día 4 del presente mes, es decir, un día después de la intervención militar a Venezuela, el presidente Luis Abinader expresó su apoyo a la democracia de ese país. ¿A cuál democracia? ¿Invadir a un país soberano y secuestrar a su jefe de Estado, esposarlo y trasladarlo a New York es un gesto de democracia? La población debía demandar que su gobernante exprese el concepto que tiene sobre ese sistema político.
La conducta histórica de Estados Unidos, durante muchas décadas, confirma que no ha contribuido a llevar democracia a ninguna nación del mundo. Todo lo contrario: ha desestabilizado gobiernos democráticos, ha contribuido con sus derrocamientos y ha sabido enviar tropas a múltiples países para imponer sus intereses políticos y económicos, violentando el principio de la autodeterminación de los pueblos.
Los propios dominicanos hemos sido víctimas de dos intervenciones yanquis. La última fue el 28 de abril de 1965, cuando esa potencia impidió el retorno a la constitucionalidad con el profesor Juan Bosch, que ganó las elecciones del 20 de diciembre de 1962, tomó posesión el 27 de febrero de 1963, pero siete meses después fue objeto de un golpe de Estado por sectores cavernarios que contaron con el apoyo norteamericano.
Si para Abinader la tragedia venezolana, en la que hubo más de cien muertos, es democracia, entonces habría que inferir que él considera un hecho democrático la invasión militar a nuestro territorio y la muerte de unos cinco mil dominicanos.
Abinader está entre los que creen que la señora María Corina Machado es una demócratavenezolana. ¿Y se puede ser demócrata y simultáneamente solicitar bloqueos y sanciones internacionales para su propia nación, contribuyendo enormemente con la grave situación económica que vive su población? ¿Se puede ser demócrata y pedir insistentemente intervención militar a Estados Unidos y a Israel para violentar la soberanía de su propio país?
Finalmente, logró su propósito de que Venezuela sea intervenido, pero ¿en qué se ha beneficiado con la “patada por el trasero” que le dio Donald Trump?
Todo el que analiza la intervención de Venezuelay las alucinaciones de Trump, al decir que gobierna a ese país y controla su petróleo, sin considerar el carácter decadente del imperio y su desesperación en la búsqueda de zonas de influencia y dinero, está perdido.
El imperio no solo quiere adueñarse de Venezuela, que tiene las mayores reservas de fósiley otros minerales que necesita, sino de Groenlandia, de Canadá y del Canal de Panamá.
Es que se le acaba el oxígeno a Estados Unidos. Teníaun acuerdo con Arabia Saudita desde 1974, mediante el cual ese país solo podía vender su petróleo en dólares, pero terminó en 2024.
La compensación que recibía ese país árabe consistía en protección militar por parte de Estados Unidos, a pesar de ser gobernado por una monarquía criminal, donde a los políticos y periodistas disidentes los asesinan. Es otro ejemplo de que a esa potencia no le importa la democracia en ningún lugar del mundo.
Otro inconveniente que tiene Estados Unidos radica en las economías emergentes que buscan aumentar influencia global, desafiando la hegemonía occidental, como son los casos de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (Los Brics), que se proponen incluir a Irán, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Etiopía.
