Desesperacióny decadencia

POR NARCISO ISA CONDE.- La mediática de EE UU, y la de aquí, que es uno de sus espejos en el Caribe, escamotean la verdad.

La democracia liberal promovida por Occidente, que prometió igualdad y fraternidad, ha devenido en un sistema político secuestrado por minorías y/o tutelado por un poder supranacional altamente corrompido.

De sus entrañas brotan los fascismos de estos tiempos, con sus nuevos tiranos y nuevos sátrapas. Esos que aplastan los derechos de los trabajadores/a y de las mujeres, la soberanía de pueblos y naciones, la libertad de opción sexual y los derechos de niños/as.

Brotan los políticos, generales y empresarios racistas, que odian a los inmigrantes y a las culturas no occidentales. Esos son los Trump, los Biden, los Elon Musk, los Netanyhau, Macri, Meloni, Milei, Noboa, Kast y Bolsonaro…las ultraderechas y todo lo ultraconservador asociado a Trump, Macrón y Abinader.

La humanidad estaría condenada a morir y a sacrificar el futuro de su descendencia si no toma conciencia, se organiza y lucha para transformar esta trágica realidad.

Ahora bien, este cuadro, un tanto lúgubre, no es señal de fortaleza del sistema de dominación que ha encabezado EE. UU. Es más bien consecuencia directa de sus profundas debilidades en todo lo que no es poderío militar y capacidad de matar, mentir y engañar.

Es desesperación por su decadencia.

Incluso con la agresión a Irán, EE. UU. e Israel van hacia una crisis y un declive mayor. Allí también brotan evidencias de que el poderío militar gringo no es invencible.

No es cualquier cosa que una potencia media como Irán, bloqueada, hostilizada por décadas, esté dando una demostración insólita, destruyéndole gran cantidad de bases militares, aviones y buques de guerras al imperio estadounidense en esa región; poniendo en jaque a los Estado lacayos que les alquilan sus territorios, a lo Abinader.

Entonces, es importante que se entienda, que por más duro que se presente el momento, es posible vencer a un imperio en crisis de decadencia; y para lograrlo, no hay que darle espacio al pesimismo y a la rendición. Vencer la desesperanza, despreciar el miedo y el terror, y desplegar el optimismo del triunfador.

Es la actitud de Irán y también la de Cuba, ambas distantes en geografía y cultura, pero cercanas en heroísmo y firmeza: sometidas durante décadas al escarnio imperialista sin gritar, dispuestas a resistir hasta que la humanidad, desde el Sur Global y desde las entrañas del hemisferio occidental, le diga basta ya, al mismísimo verdugo.

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