POR GUARIONEX ROSA.- El Salvador y su presidente Nayib Bukele están en un atolladero por la incursión de unas 2,000 tropas en Haití en persecución de las bandas armadas que asedian a ese país caribeño y que ya lograron el secuestro o asesinato de cuatro técnicos militares del país centroamericano.
Acostumbrados a través de su accidentada historia a luchar contra el poder extranjero que se asoma, la decisión salvadoreña ha dividido a los haitianos del país y de la diáspora, una ganancia para las bandas de asesinos que controlan parte del país, porque antes todos las repudiaban.
Haití ha luchado desde su independencia en 1804 contra las potencias extranjeras que, como los Estados Unidos, invadieron ese país en dos ocasiones, la primera desde el 28 de julio de 1915 al 21 de agosto de 1934 y la segunda del 19 de septiembre de 1994 al 31 de marzo de 1995.
La última vez fue amparada por una resolución de las Naciones Unidas que buscaba y logró, reponer en su puesto de presidente constitucional Jean Bertrand Aristide que había sido derrocado por el Ejército. A esa operación se le llamó Defensa de la Democracia y tuvo el apoyo de muchos países.
En la actualidad, la presencia de tropas de la Fuerza de Supresión de Pandillas, de la ONU, de la que El Salvador es integrante, ha ido despejando de pandilleros parte de Puerto Príncipe, la capital, pero está muy lejos de controlar las barriadas infectadas de bandoleros bien armados que amenazan la seguridad de la población y cobran peaje por la seguridad. La ciudad de Cabo Haitiano, y sus entornos ha permanecido tranquila, sin bandas y con sus actividades, el aeropuerto internacional y el puerto en funcionamiento.
Las bandas se mantienen en base a una intrincada madeja de sobornos y peajes en todo el país. Desde la frontera dominicana las bandas cobran para dejar pasar los cargamentos de comestibles y efectos eléctricos y de la construcción. Hacen lo mismo en los puertos que tienen alguna actividad. Es decir, que el bandidaje está bien sostenido por el miedo y puede tener más fuerza que el débil gobierno del primer ministro Alix Didier Fils-Aimé.
Quizás el presidente Bukele pudo mantener contactos con la parte dominicana antes de enviar el primer regimiento a Haití, que ahora alcanzará la cantidad de 2,000 soldados, helicópteros y carros armados que entraron a mitad de la semana por el aeropuerto Las Américas. Un sentido de autosuficiencia le impidió reconocer el papel que habría podido jugar RD.
Ahora se sabe que los salvadoreños no conocían el terreno escabroso de Haití y que no fueron con el debido avituallamiento, puesto que los cuatro técnicos secuestrados o asesinados, fueron atacados por la banda que patrullaba Croix-des-Bouquet, cerca de la frontera dominicana cuando se dirigían a buscar comida en una bodega.
Bukele habló esta semana por teléfono en dos ocasiones con el presidente Luis Abinader, quien ha ofrecido ayuda logística y sanitaria para el caso de necesidad. La parte dominicana también dispuso de 20 millones de dólares para la Fuerza de Supresión de Pandillas, animada por Estados Unidos e integrada hasta ahora por otros seis países.
El gobierno dominicano no ha querido verse envuelto en la lucha del debilitado gobierno haitiano con las bandas dadas las circunstancias de la frontera común. Cuando el año pasado la Policía del país vecino requirió unos juegos de gomas para sus carros de asalto, la parte dominicana se lo negó. Con el tiempo RD, de una forma u otra, podría tocarle envolverse en un conflicto que no le compete y solo puede perjudicarle.
El presidente Bukele ha sido vendido por la propaganda como el único que puede resolver el problema del bandidaje callejero, las pandillas que trafican y consumen estupefacientes, al extremo que Costa Rica, que no tiene ejército, ha seguido parcialmente la política carcelaria.
La presidenta de Perú Keiko Fuyimori llegó ayer a San Salvador para tratar el tema con Bukele. Busca salida a la inseguridad que prevalece en Perú.
