La deuda pendiente frente a la violencia en RD

POR CARLOS SALCEDO.- La República Dominicana se encuentra en un momento crítico: las cifras oficiales muestran que la violencia sexual, los delitos de género y los abusos contra los menores ya no son anomalías aisladas, sino un mapa persistente de fractura social.

Las recientes violaciones sexuales colectivas cometidas por jóvenes contra mujeres jóvenes son apenas la expresión más visible de una lesión profunda en nuestra convivencia.

Para revertir esta tendencia se necesita algo más que sanciones: se requiere una regeneración de la conciencia colectiva, según las nociones que ya habían anticipado Comte y Durkheim, y que hoy reaparecen con urgencia.

Datos que avivan la emergencia

Algunos datos recientes del Ministerio Público y la Procuraduría General ilustran la magnitud del problema:

Estos números muestran no solo la frecuencia elevada de los delitos sexuales y de violencia de género, sino también que muchos de ellos ocurren contra personas vulnerables (mujeres jóvenes, niñas, adolescentes), y en contextos de poder desigual.

Reflexión sociológica: Comte, Durkheim y los contemporáneos

Desde tiempos fundacionales de la sociología, Comte alertaba que una sociedad sin un consenso moral ni solidaridad común corre hacia la desintegración. Durkheim, por su parte, definía los hechos sociales como aquellos valores, normas y costumbres que ejercen presión sobre los individuos: cuando estos hechos sociales se debilitan, los comportamientos extremos, como los delitos violentos, florecen.

En la República Dominicana los datos sugieren un debilitamiento de esos hechos sociales: la violencia sexual colectiva y los casos de abuso son síntomas de que no hay fronteras morales firmes, de que muchos no internalizan el respeto a la dignidad ajena.

Los teóricos contemporáneos aportan claves analíticas útiles:

De la indignación al compromiso social

¿Qué implica regenerar la conciencia colectiva frente a esta emergencia?

  1. Educación ética y emocional: escuelas y hogares necesitan incorporar formación en respeto, consentimiento, igualdad de género, empatía y responsabilidad social. No solo leyes y castigos, sino valores compartidos desde la infancia.
  2. Políticas públicas integrales: mejor respuesta judicial, protección efectiva para víctimas, fiscalías especializadas, pero también prevención, espacios seguros, campañas culturales que transformen normas.
  3. Medios de comunicación responsables: cómo se narran los casos, qué se visibiliza, cómo se trata a la víctima. Evitar la revictimización, el morbo y la banalización.
  4. Participación comunitaria y digital: involucrar a las comunidades, jóvenes, organizaciones sociales, redes sociales. Que se genere un consenso desde abajo que rechace radicalmente la violencia sexual colectiva, la cosificación, la dominación.
  5. Transparencia institucional y sanción efectiva: no basta con denunciar, debe haber investigaciones serias, condenas reales, protección para víctimas, medidas disuasorias claras.

En conclusión

Las violaciones colectivas, los abusos contra menores, los delitos de género nos muestran que la República Dominicana debe enfrentarse a un déficit de conciencia colectiva tan serio que puede socavar no sólo la seguridad, sino la dignidad humana. Como Comte y Durkheim ya alertaron, sin valores compartidos ni solidaridad moral, la sociedad se fragmenta. Los datos actuales no dejan dudas: hay dolor, hay impunidad, hay víctimas. Pero también hay oportunidades.

La reconstrucción de la conciencia colectiva no es una utopía académica: es una tarea concreta y urgente. Requiere de todos -Estado, familias, Iglesias, escuelas, líderes sociales y medios- asumir su responsabilidad no solo de condenar, sino de transformar la cultura social.

Porque sin ese cambio interno, cada denuncia será solo una mancha más, cada sentencia solo un gesto simbólico. Solo una sociedad que se reconozca solidaria, responsable, respetuosa de la dignidad humana podrá aspirar a superar la violencia que hoy la desgarra.

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