La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos:¿Reestablecer la hegemonía?

POR LEONEL FERNANDEZ.- El documento recientemente publicado por la Casa Blanca sobre la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, para el actual período de gobierno del presidente Donald Trump, es muy claro en sus objetivos.

En primer lugar, aspira a que Estados Unidos permanezca como el país más fuerte, rico y poderoso del mundo durante muchas décadas por venir. Para eso se propone proteger su población, territorio, economía y modo de vida, mediante el fortalecimiento de su poder militar.

Igualmente, procura controlar sus fronteras para evitar la migración masiva ilegal; reconstruir sus alianzas para contribuir mejor a una defensa común; imponer aranceles históricos para hacer retornar industrias básicas al territorio norteamericano.

Tiene también como objetivo, liberar la producción energética norteamericana para garantizar su independencia; la construcción del más robusto, moderno y creíble mecanismo de disuasión nuclear, misiles de defensa de nueva generación y una cúpula dorada (Golden dome) de protección del territorio nacional.

Estados Unidos tiene como meta disponer de la economía más fuerte, dinámica e innovadora en el mundo; así como la más robusta base industrial. Esto así, porque su poder nacional depende de un sector industrial fuerte, capaz de enfrentar las demandas de producción, tanto en tiempos de paz como de guerra.

Desean permanecer como el país científica y tecnológicamente más avanzado del planeta, al tiempo de proteger su propiedad intelectual. Tienen como meta mantenerse sin rival alguno en lo relacionado con su poder suave (soft power), a través del cual ejercen una influencia cultural en el mundo; y quieren unos Estados Unidos que glorifique sus glorias del pasado y a sus héroes, al tiempo que miran hacia el futuro hacia una nueva edad de oro.

Luego de esa definición de objetivos, la Estrategia elabora criterios sobre qué espera Estados Unidos del resto del mundo, cuáles son sus mecanismos disponibles para alcanzarlos; sustenta principios y define sus planes regionales para el Hemisferio Occidental, Asia, Europa, Medio Oriente y África.

Pax Americana

Con la disolución de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, los Estados Unidos y el mundo occidental entraron en una nueva época. Algunos estudiosos de las relaciones internacionales la han calificado como un período de pax americana.

Así, debido a que el fin de la relación bipolar, desde 1945 a 1991, dio origen a un momento unipolar en que Estados Unidos se consolidaba como la única superpotencia económica, tecnológica y militar en el mundo.

Al tiempo de construir un poder hegemónico, sin ninguna rivalidad visible, el poder norteamericano creó las bases para un nuevo orden fundamentado en la globalización económica, financiera, comercial, cultural y política. Asimismo, contribuyó al desarrollo de la revolución científica tecnológica de la actual era digital, que ha transformado significativamente las formas de producción, comunicación e intercambio a escala planetaria.

Se creó un nuevo modelo económico, sustentado en el libre comercio. En tal virtud, el mercado norteamericano se abrió a las importaciones de bienes y servicios de otras naciones. De igual manera, aprovechando ventajas comparativas y competitivas, empresas estadounidenses salieron de su país para trasladarse a países como China y a otros de la región asiática.

Consideraban que una expansión económica de esas naciones produciría un proceso de democratización en el ámbito político, dando lugar a un mundo más estable, seguro y pacífico.

Sin embargo, ocurrió lo imprevisto. Esa política de liberalización por parte de Estados Unidos dio lugar al ascenso de nuevos poderes que empezaron a competir y a requerir la creación de un nuevo orden internacional, que no dependiese solo de una potencia hegemónica, sino que tuviese un carácter multipolar.

Esos nuevos poderes emergentes, entre los cuales se encuentran China, Rusia, India, Brasil, Sudáfrica, Indonesia, Etiopía, Egipto, Emiratos Árabes Unidos e Irán, representan el 46% de la población mundial; el 25% del territorio; el 45% de la producción de alimentos; el 35% del poder de capacidad de compras; el 30% de la producción de petróleo; y un comercio compartido de cerca de 700 mil millones de dólares anuales.

Con la existencia de ese bloque, es evidente que en las últimas tres décadas se ha constituido un entorno internacional más complejo y desafiante para Estados Unidos, el cual reclama nuevas reglas de juego en el tablero mundial si ha de continuar el proyecto hegemónico.

La estrategia de Trump

En la Estrategia Nacional de Seguridad de la actual administración del presidente Donald Trump, se hace una crítica directa a las estrategias previamente elaboradas por sus antecesores, fuesen demócratas o republicanos.

La base de la crítica radica en que fue a través de esas propuestas que presuntamente se cometió el error de haber auspiciado el fenómeno de la globalización y el modelo de liberalización anglosajón (neoliberalismo), por el cual los Estados Unidos fueron perdiendo su base industrial, el debilitamiento de su comercio, la erosión de su capacidad productiva y su rol de liderazgo indisputable en el mundo.

Para algunos analistas, como Fareed Zakaria, los Estados Unidos habían entrado en una etapa de declive relativo, que él denominó como “el mundo post americano”. En ese escenario, no es que los Estados Unidos hayan declinado en términos absolutos, sino en términos relativos con respecto al avance de los nuevos poderes emergentes.

Revertir esa tendencia es, precisamente, a lo que aspira la nueva estrategia nacional de seguridad de los Estados Unidos. Hacerlo implica el enorme desafío de reconstruir un poder hegemónico donde ya, de hecho, existe un mundo multipolar. Pero es el propósito que desde su campaña prometió el presidente Trump, a través del movimiento MAGA: Que Estados Unidos vuelva a ser grande (Make America Great Again).

En el documento de la estrategia, se indica cómo lograrlo. No será en base a una ideología política tradicional. Se hará mediante una política exterior pragmática, realista y muscular. En fin, en base a todo lo que funcione para Estados Unidos.

En dos palabras: America First. 

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