San Francisco de Macorís. Cansados de esperar por una respuesta de las autoridades que nunca llega, los productores agrícolas de las comunidades asentadas a lo largo de la carretera Naranjo Dulce-Río Boba han decidido tomar la iniciativa y recurrir a sus propios bolsillos para intentar rehabilitar la vía que los conecta con el mercado dominicano.
Productores como César Taveras, Alex Peralta, Rafael Durán y Francisco Ovalle (El Chino) entre muchos otros han tenido que dar un paso al frente, coordinando con honestidad las ayudas económicas y asumiendo una responsabilidad que corresponde legalmente a las autoridades gubernamentales.
A través de colectas públicas y aportes directos de los propietarios de parcelas, la comunidad ha comenzado a reunir recursos para intervenir los 15 kilómetros de camino que se encuentran en estado intransitable.
Esta acción surge como un último recurso de supervivencia, ya que gran parte de la producción de alimentos se pudre en las fincas al no poder ser trasladada a los centros de consumo debido a las precarias condiciones del terreno.
A diario se hace pública una extensa lista de aportaciones económicas de los mismos comunitarios, quienes, a pesar de sus limitados recursos, intentan mitigar el desastre vial.
Los agricultores expresaron que, a pesar de ser propietarios de tierras productivas y contribuir al sustento del país, el progreso parece haberse detenido antes de llegar a sus montañas.
«No nos ha quedado otro camino que hacer la carretera nosotros mismos con nuestro esfuerzo», manifestó uno de los comunitarios, reflejando el sentimiento de desamparo que impera en la zona.
En las remotas montañas, el clamor es unánime y busca llegar hasta el Palacio de Nacional.
Los residentes y productores exigen que el presidente Luis Abinader escuche su grito y disponga finalmente la construcción definitiva de la vía.
«Señores autoridades, nosotros también somos dominicanos; hágannos la carretera», sentencian, mientras continúan demostrando con sacrificio personal que el deseo de trabajar es más fuerte que la indiferencia institucional del gobierno.
NARCISO ACEVEDO
