Tras denuncias del cambio de color de las aguas de la presa de Hatillo, en la provincia de Sánchez Ramírez, el Ministerio de Medio Ambiente dijo en diciembre de 2025 que “se debe a una floración de algas” y confirmó la presencia de algas verde-azules o (cianobacterias) del género Microcystis.
La presencia de estos organismos han provocado cambios en el color del agua, malos olores, reducción del oxígeno y, en algunos casos, la producción de toxinas. Pero esto solo son las consecuencias visibles.
La experta Lourdes Tapia, también integrante de la Comisión de Recursos Naturales y Medio Ambiente de la Academia de Ciencias de la República Dominicana (ACRD), explica que las algas verdes y las algas verde-azules (cianobacterias) pertenecen a mundos biológicos completamente distintos.
“Entender estas diferencias es clave para el manejo de cuerpos de agua como las presas”, agrega Tapia en un documento compartido a Listín Diario por la ACRD.
Las algas verde-azules o cianobacterias no son algas, sino bacterias que realizan fotosíntesis. No tienen núcleo, a diferencia de las algas verdes, y son mucho más resistentes y antiguas.
Si bien es cierto que ambas prosperan con el exceso de nutrientes, tienen preferencias diferentes. Mientras que las algas verdes prefieren el nitrógeno y aguas con buena oxigenación, las algas verde-azules (cianobacterias) “son las reinas del fósforo”.
“Si una presa tiene niveles muy altos de fósforo, pero poco nitrógeno, las cianobacterias ganan la batalla, porque muchas cianobacterias tienen la capacidad única de ‘fijar’ el nitrógeno del aire, algo que las algas verdes no pueden hacer; provienen de la contaminación por detergentes fosfatados, escorrentía agrícola intensa y sedimentos orgánicos acumulados en el fondo”, argumenta Tapia.
Las presas, como la de Hatillo, son el lugar perfecto para su crecimiento, supervivencia y proliferación debido a sus características, entre las que enumera estancamiento del agua y temperaturas cálidas.
Asimismo, otros de los factores que prosperan su presencia es que “las lluvias arrastran fertilizantes y desechos químicos de los campos cercanos hacia la presa”. Además, en el fondo de las presas se acumula materia orgánica cuyos nutrientes (como el fósforo) ascienden a la superficie cuando el agua se remueve o hay cambios de temperatura.
“Si la calidad del agua ha degradado las poblaciones de zooplancton o peces que se alimentan de algas, estas crecen sin control”
Tapia dice además que debe evitarse el contacto con el agua si se observa una capa espesa o gelatinosa (como si hubieran derramado pintura verde o azulada sobre la superficie de la presa), ya que es muy probable que sean algas verde-azules o cianobacterias, y estas pueden afectar la piel y el sistema nervioso.
El ingeniero José Manuel Mateo Félix, también miembro de la Comisión de Recursos Naturales y Medio Ambiente de ACRD, agrega que “todo lo que ocurre en esa presa está relacionado con el contexto del territorio adyacente y cercano donde se encuentra porque en esa zona hay muchas actividades agrícolas y productivas de otra naturaleza”.
“En la cuenca, en el vaso de la presa, suelen drenar por erosión y por lluvia, agroquímicos diferentes, principalmente nitrógeno y fósforo, que bajan de las actividades agrícolas y también de la descomposición orgánica que se origina en todo su alrededor”, afirmó Mateo Félix.
Propuesta de la ACRD
La ACRD plantea que las instituciones correspondientes, entre ellas el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (Indrhi) y el Ministerio de Medio Ambiente, generen un mecanismo de administración y de gestión de todas las presas, el cual monitoree las actividades que se desarrollan alrededor de los embalses para disminuir los factores dañinos.
El fin de esta propuesta es dar asistencia técnica a los agricultores, cambiando además las tendencias de producción, transicionar a productos más orgánicos. En el caso de la agropecuaria, para disminuir la afluencia de drenaje hacia el paso de la presa y reducir esa potencialidad de daño.
Aunque en ocasiones la presencia de estas bacterias también se debe a que en determinados momentos el flujo de agua que ingresa en las presas es bajo. En consecuencia, baja el nivel y estos agroquímicos se concentran en grandes proporciones.
La ubicación del embalse en los perímetros del Parque Nacional Aniana Vargas, un área protegida de 118.6 km², es otro motivo que la ACRD toma en cuenta al hacer su propuesta, ya que se vería afectada la biodiversidad del lugar.
“Ese otro elemento obliga a que las autoridades tengan un plan de gestión y de regulación de todo lo que ocurre alrededor de la presa; además, se trata de un vaso de agua que está dentro de un área protegida”, reiteró Mateo Félix.
«…Y esta presa es la presa más grande del país y de la región del Caribe».
Impacto
La presa de Hatillo y sus aguas impactan la producción agrícola del país, influyendo a su vez en la seguridad alimentaria de la nación.
Una de las principales razones de la construcción del reservorio de agua fue garantizar la irrigación de la zona de riego de esa región y los cultivos de arroz, un producto de alto consumo en República Dominicana, son los que más se benefician de esto.
Por otro lado, sus aguas desembocan en la bahía de Samaná, “si esa agua llega con foco de contaminación, puede afectar los manglares que están en el Bajo Yuna”, advierte Mateo Félix.
“Y esos manglares están asociados a la reproducción de los peces y por consiguiente, a la actividad pesquera de cientos de hombres que viven en la Bahía de Samaná de la pesca, y esto puede tener un impacto negativo en la biodiversidad marina”, puntualiza.
Estas aguas contaminadas también podrían llegar hasta la zona de avistamiento de ballenas jorobadas, afectando a este atractivo turístico de la temporada que genera turismo y dinamismo económico.
YADIMIR CRESPO
