Santiago. La República Dominicana necesita al menos 60 presas para responder a sus necesidades actuales y futuras ante el déficit de almacenamiento estimado en 10 mil millones de metros cúbicos de agua, lo que obliga a priorizar obras por región, propósito y utilidad nacional.
Silvio Carrasco, director de la Unidad de Agua de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), advierte que, el país recibe un volumen considerable de agua cada año, pero carece de infraestructura suficiente para conservarla y distribuirla de manera eficiente.
Entre las presas que considera prioritarias mencionó: Alto Bao, para reducir inundaciones en zonas bajas y fortalecer la regulación del Yaque del Norte, río Haina, para garantizar agua a Santo Domingo, Yaque del Norte, para suplir agua a zonas costeras y productivas, la de Boba, como parte de una estrategia de almacenamiento y desarrollo regional.
Considera que cada presa debe ser defendida sobre la base de su utilidad concreta: agua potable, riego, energía, control de inundaciones, seguridad alimentaria y desarrollo económico.
Carrasco ve necesario el avanzar en una política firme de almacenamiento de agua, generación hidroeléctrica, irrigación agrícola y control de inundaciones.
El exdirector del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos cree que el país necesita ejecutar obras hidráulicas estratégicas sin permitir que intereses políticos, ideológicos o grupos mal orientados paralicen proyectos esenciales para el desarrollo nacional.
Carrasco afirmó que las presas siempre generan impactos territoriales, debido a que ocupan terrenos donde generalmente existen comunidades, actividades productivas o asentamientos humanos, pero explicó que para eso existen estudios técnicos, evaluaciones ambientales, planes de compensación y mecanismos de reasentamiento.
Embalses vitales
Uno de los puntos abordados por Carrasco fue la propuesta de construcción de una presa sobre el río Amina, en la zona de Mao, al considerar que el proyecto ha sido mal presentado ante la opinión pública y las comunidades, lo que ha generado resistencia y desinformación.
Explicó que inicialmente se promovió como una presa para resolver el agua potable de Santiago, enfoque que calificó como equivocado, debido a que Santiago cuenta con capacidad de almacenamiento en Taveras y Bao.
Posteriormente, dijo, se intentó vender como un proyecto hidroeléctrico de gran altura, con un cierre de gran potencial técnico, pero la zona ya presenta ocupaciones y usos comunitarios y turísticos que complican su viabilidad en el punto originalmente planteado.
De su lado, Elnio Durán, embajador adscrito en Gran Bretaña y promotor de la propuesta de una presa sobre el río Amina, en Mao, la cual calificó como “impensable” que un país con recursos naturales disponibles no los aproveche para garantizar agua, energía, irrigación y control de inundaciones.
“No hay justificación alguna, ni social ni económica, para que no se haga una presa donde se necesite, todas las venas de agua del país hay que guardarlas”, expresó Durán.
Taveras como ejemplo de visión de Estado
Para defender su propuesta, Silvio Carrasco puso como ejemplo la presa de Taveras, construida en 1973, obra que definió como clave para el abastecimiento de agua potable de Santiago, Moca, Navarrete y otras comunidades del Cibao.
Indicó que, sin Taveras, Santiago habría enfrentado una situación crítica en materia de agua potable y desarrollo urbano.Recordó que el embalse fue construido con fondos del presupuesto nacional, sin recurrir a endeudamiento externo, modelo de decisión estatal que ve debe retomarse para ejecutar proyectos hidráulicos prioritarios. A su juicio, el problema actual es que muchas presas han quedado condicionadas a financiamientos internacionales.
JOSE ADRIANO RODRIGUEZ
