Ruidos en elección de jueces

POR CRISTHIAN JIMENEZ.- El Consejo Nacional de la Magistratura adopta decisiones políticas, de consiguiente su conformación debería estar limitada a ese ámbito: la expresión del voto popular que determina la presidencia de la República y las mayorías congresuales. No existe mayor legitimidad que la otorgada por el soberano. (Art. 2 de la Constitución).

Funcionarios de un segundo nivel de elección, jueces supremos y el presidente del Tribunal Constitucional (peor cuando tenía un asiento el Procurador), escogidos por el propio CNM, nada buscan en el órgano, además de provocar conflictos de intereses cuando intentan permanecer en sus puestos.

La configuración de un órgano estrictamente político evitaría el vomitivo cinismo en cada elección de reclamar jueces asépticos por quienes figuren en minoría. Debe bastar que los elegidos sean capaces con la debida fortaleza ética, sin caer en el extremo, como ha ocurrido en varias ocasiones, de mover a una persona desde la dirección partidaria a la cabeza de una “alta corte”.

La falsa evaluación debe eliminarse para evitar humillar a reputados jueces y disponer un solo mandato, que podría ser de mayor cantidad de años. Experiencias de jueces “quemados”, ha dejado un mal sabor en sectores jurídicos y sociales y ya algunos magistrados han adelantado que declinan la opción de continuar. El primer caso ocurrió en 2011, con el doctor Julio Aníbal Suárez, quien no fue confirmado en la SCJ, sin justificación.

En lo que llega la reforma constitucional que posibilite reestructurar el CNM, el presidente Luis Abinader debería apoyar a jueces de la carrera para ocupar las vacantes en la Suprema y resistir las recomendaciones de “blindarse” ante su salida del poder en 2028. (“Blindarse”, asumida como “perremeizar”).

La tradición de retaliación política es una sombra ominosa en la cultura política dominicana, que incluye a cambios presidenciales con la permanencia del mismo partido en el poder. La ortodoxia perremeista, que acaba de superar una prueba vital al pactar cambios en la estructura partidaria sin heridas, conoce muy bien la historia de su padre, el PRD… y la de su “primo”, el PLD.

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