Sánchez Ramírez. Los habitantes de las comunidades Las Canas y todo el municipio de Fantino, viven atrapados en un círculo de abandono institucional que ya raya en lo inhumano, con carreteras totalmente deterioradas y altos niveles de contaminación.
Un colosal vertedero a cielo abierto, que arrastra más de tres décadas devorando la salud colectiva, mantiene a miles de familias en un estado de terror sanitario permanente ante la mirada impasible de las autoridades.
En medio de esta catástrofe ambiental y humana, los comunitarios dirigen su mirada y su reclamo directo al palacio municipal.
Los moradores de estos poblados denuncian que aquello que antes era una fértil zona de producción agrícola y paz rural, hoy se ha convertido en una sucursal del infierno en la tierra.
La comunidad de Las Canas y sus zonas aledañas hacen un llamado enérgico y desesperado al alcalde del municipio de Fantino, Damián Rafael Núñez Adame, para que despierte ante esta cruda realidad, preste atención inmediata a las denuncias de sus munícipes y asuma el liderazgo que su cargo le exige de cara a esta emergencia.
Para los residentes, la postura del ejecutivo municipal ha sido de una total e inexplicable indiferencia.
Cristina Jerez Sánchez, cuya voz es el eco de la impotencia colectiva, lo resume con el corazón en la mano: ya no saben a quién acudir si la primera autoridad del municipio les da la traición del silencio.
Para los comunitarios, este desentendimiento oficial no es simple burocracia: es una desidia que los está matando en cámara lenta. Denuncian desde brotes en la piel que no sanan con nada y alarmantes cuadros gastrointestinales, debido a que es un pueblo sitiado por las plagas.
NARCISO ACEVEDO
