Violencia intrafamiliar y delitos sexuales: una realidad que exige acción colectiva

POR SMAILY RODRIGUEZ.- En los últimos meses, se ha evidenciado de manera significativa en los sucesos judiciales de la Republica Dominicana el incremento preocupante de los casos de violencia intrafamiliar y delitos sexuales. Esta realidad, lejos de ser una estadística aislada, refleja una problemática social profunda que afecta de manera directa la dignidad, la integridad y la vida de mujeres, niños, niñas y adolescentes, así como la estabilidad de nuestras familias y comunidades.

La violencia intrafamiliar no es un asunto privado ni un conflicto doméstico menor; es una violación grave de derechos humanos. Se manifiesta de múltiples formas: violencia física, psicológica, sexual y económica, muchas veces sostenida en el tiempo por el miedo, la dependencia emocional o económica, y el silencio impuesto por patrones culturales que aún persisten en nuestra sociedad.

De igual forma, los delitos sexuales constituyen una de las expresiones más crueles de la violencia, especialmente cuando las víctimas son menores de edad. Estos hechos dejan secuelas profundas, no solo físicas, sino también emocionales y psicológicas, que pueden acompañar a la víctima durante toda su vida si no se interviene de manera oportuna e integral.

Desde el Ministerio Público hemos observado que una parte importante de estos casos ocurre en entornos cercanos a la víctima: el hogar, la familia extendida o círculos de confianza. Esto hace aún más compleja la denuncia y refuerza la necesidad de enviar un mensaje claro a la sociedad: denunciar salva vidas, y el sistema de justicia está para proteger, no para juzgar a quien decide romper el silencio.

Es fundamental comprender que el abordaje de esta problemática no puede limitarse únicamente a la respuesta penal. Si bien la persecución del delito y la sanción de los agresores es una obligación del Estado, la prevención requiere un compromiso colectivo. Educación en valores, fortalecimiento de la familia, detección temprana de señales de riesgo, acompañamiento psicológico y redes comunitarias de apoyo son pilares indispensables para frenar esta espiral de violencia.

Como sociedad, debemos cuestionarnos qué estamos normalizando, qué silencios estamos tolerando y qué mensajes estamos transmitiendo a las nuevas generaciones. La violencia no se hereda, se aprende; y por tanto, también puede desaprenderse con políticas públicas firmes, instituciones comprometidas y una ciudadanía activa.

Desde la provincia Duarte, reafirmamos nuestro compromiso de actuar con firmeza frente a estos delitos, garantizando una atención digna a las víctimas, investigaciones responsables y el respeto al debido proceso. Pero este esfuerzo solo será efectivo si caminamos juntos: instituciones, medios de comunicación, líderes comunitarios, familias y ciudadanos.

Combatir la violencia intrafamiliar y los delitos sexuales no es solo una tarea del sistema de justicia; es un deber moral y social. La indiferencia también violenta. Hablar, denunciar y actuar es hoy más urgente que nunca.

La autora es actual Procuradora Fiscal Titular de la provincia DuarteAbogada LitiganteInvestigadora CriminalFuncionaria de carrera del Ministerio PúblicoGestora Pública de formación y de corazón.

Nota de la autora:

Este artículo se publica como parte del compromiso institucional con la promoción de la legalidad, la participación ciudadana y el fortalecimiento del Estado de Derecho.

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