POR LUIS ENCARNACION PIMENTEL.- Nunca hemos creído ni confiado en encuestas o sondeos que oferten posicionamiento o simpatías de partidos y de candidatos a nada. Y menos en estos tiempos. Sencillamente, por lo que se ve, intuye o sospecha en una especie de mercado persa y mediático, donde prácticamente todo se puede, se compra y se vende. e puede y se hace, aun cuando no se deba, si se le falta a la verdad y a la ética. Más aún, si se violan normativas y hasta se increpa a la autoridad encargada de hacer cumplir las mismas.
Muy lamentable, las encuestas, que los partidos políticos utilizaban generalmente como instrumento de trabajo, han pasado a ser elementos de abierta propaganda (sin estar en campaña) o venta de supuestos posicionamientos, que, por lo alegre e irresponsable de la práctica, en muchos casos no dejan de ser daños y engaños en perjuicio de incautos.
Si en los doce años del doctor Balaguer una encuestadora puso cualquier número como resultado, se pensó que ya se había visto todo. ¿Y ahora, que se llega a escribir que tal aspirante, quizá en un tercer lugar o quién sabe, “encabeza las preferencias individuales”, mientras otros dos que lucen los punteros “mantienen un importante caudal político”?
Hay que hacer honor a la verdad, respetando y respetándose. Tras el espacio democrático ganado con Antonio Guzmán, varias firmas fueron acertivas con datos y pronósticos. Pero el crédito ganado lo fueron perdiendo, a partir de que evidencias e indelicadezas no disimuladas con el manejo y publicación de datos muy alejados de la gran percepción ciudadana alimentaran la idea de que primaba el factor dinero y que, en casos puntuales, el beneficiario de la encuesta era el que la pagaba.
Y eso, contrario a unas reglas de juego claras y a una política equitativa y limpia, era a lo que quería evitar la JCE al prohibir la publicación de encuestas fuera de la campaña electoral. Se cumplía con el deseo de que el país no pase cuatro años en campaña y el adecentamiento de la política. Pero la dejaron sola, facilitando que una presión económico-mediática le doblara el brazo.
Así, se podrá hacer dinero y vender irreales preferencias, pero jamás hacer patria. En coincidencia que aumenta el descreimiento, dos de esas muestras parecen hechas para una persona; para debilitar el liderazgo político y el sistema de partidos, para favorecer el voto independiente, así como para proyectar que el respaldo a la figura del presidente de la República sigue bien o muy bien, aun cuando el gobierno y el equipo no pasen la prueba..
Como muchas encuestas apuntan a que malas prácticas desplazan lo científico del método, se entiende lo de algunos resultados que insultan la inteligencia.
