PLD: doble agenda y doble discurso

POR LUIS ENCARNACION PIMENTEL.- Después del palo dado, nadie quita el golpe… y por más adornos y arreglos que ahora distintos actores -y autores- de la evidente crisis a nivel de la cúpula del PLD pretendan buscar, ya el daño a la candidatura de Abel Martínez está hecho.

En el partido morado, con doble agenda y doble discurso, el detonante fue la renuncia del coordinador de campaña, pero ya caminaba y ganaba cuerpo un malestar, un trastorno e indudable falta de armonía o de coincidencia de criterios y de intereses que en nada ayudaban al éxito y buen desempeño de la candidatura del alcalde de Santiago y expresidente de la Cámara de Diputados.

Así como un momento de la pasada campaña presidencial se llegó a insinuar que el “preferido” de Danilo era Navarro y al final el hombre sacó de la manga la ficha de Gonzalo, para el proceso con miras al 24 se echó a correr que el jefe del PLD se inclinaba por Margarita Cedeño, pero al contar, los números favorecieron a Abel.

De seguro, para algunos de vieja guardia y alto rango, acostumbrados a trazar pautas y hacer sus propios “amarres”, habría sido un factor sorpresa y trago amargo, por lo que no sería descartable que desde temprano le montaran una “sierra” para tumbarlo del palo.

Abel Martínez.

Nada raro, a partir de la sospecha acentuada de que el candidato morado está en momento crítico, porque los enemigos de su candidatura no están fuera, sino dentro del propio PLD, y que están haciendo demasiado para que el mismo no gane.

Comprobado el mal de fondo y la sospecha de un plan de gente de su alta dirección política, ¿cuál sería la idea final con él – aún no inscrito en la JCE como candidato -, ¿acaso debilitarlo en extremo y plantear que los números no dan, buscando que se retire de la contienda?

Torpedeando al candidato y planteando, aun siendo verdad, que hay muchos lugares del país donde el aspirante no se conoce, no se ayuda a ganar ni se llega muy lejos en un proyecto de poder.

Lo de que en “en el PLD hay mucha gente con doble agenda” no es un invento ni simple sospecha, lo dijo el propio Danilo Medina el día que sacudió y puso más crítica la situación interna de la organización política y la candidatura de Abel Martínez, cuando también expresó en un encuentro de dirigentes que un 35 por ciento de la gente de su partido decía que iba a votar por Leonel Fernández, porque creía que todavía este era presidente del PLD. Y a confesión de parte… (en la última encuesta de la firma Mark Penn aparecía que el 76% del 19% que votarían por Abel, lo harían por Leonel en una segunda vuelta).

En una falta de tacto político y desconocimiento de la realidad local, el candidato Abel se cierra a banda y afirma que: “la organización tiene claro que para las próximas elecciones municipales no habrá ningún tipo de alianza con otros partidos”, en una inoportuna sobrestimación de la fortaleza del PLD y consiguiente subestimación de la importancia de los acuerdos entre partidos en determinadas coyunturas, dada la realidad de que ninguna organización está en capacidad  de alcanzar el triunfo con sus miembros y simpatizantes exclusivamente.

Danilo Medina.

En este caso, cerrarse a las alianzas, en el acto, deja varias lecturas: se dispersa el voto de la oposición; disminuye las posibilidades de éxito en las urnas y, en el caso particular de un PLD afectado por una crisis interna y grandes cuestionamientos a su pasada gestión de gobierno, puede acelerarle el proceso migratorio y de sangría permanente que experimenta desde hace un tiempo.

La posición de Abel – que habría de variar por circunstancias – llevó al renunciante coordinador de campaña, Francisco Javier Garcia, a enmendar la plana y (prueba del doble discurso) expresar que: “el PLD nunca ha ganado sin alianzas, y que cuando se perdió fue cuando menos partidos aliados fueron”.

Lo inteligente -y es válido para oposición y gobierno- es que se hable con todo el que haya que hablar, siempre que no perjudique, para garantizar la mayoría necesaria. Y con respecto al mal de fondo en el PLD, tiene que ver con un liderazgo cuyo tiempo se acabó, que su permanencia y afán de control partidario hace un enorme daño, pero ni suelta ni se da por enterado.

Ejemplo Danilo, el mayor problema, necesita el control del PLD, como refugio y escudo, y ser quien tenga con qué negociar, no el candidato)

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