Sí, pero no

POR CRISTHIAN JIMENEZ.- Daniel Ortega carga con decenas de muertes, más de 400 desnacionalizaciones, incontables encarcelamientos de opositores, desmantelamiento de los partidos, Congreso, sistema electoral y organizaciones de la sociedad civil en Nicaragua. Y, sin embargo, su miedo a ser desplazado del poder se mantiene. ¿Solución? Eliminar las elecciones.

El otrora líder revolucionario sandinista asumió los mismos rasgos del monstruo Somoza que combatió durante años y desplazó con la solidaridad latinoamericana, en particular, y de pueblos de otras latitudes, que ahora observan asombrados su amplio rosario de crímenes. No importan hermanos de sangre y de lucha, solo el poder que comparte con su esposa, llevada a vicepresidenta y luego designada “co-presidenta”, mediante una reforma constitucional.

En 2018 ahogó en sangra protestas populares, sistematizando la represión, que en las elecciones del 2021 lanzó a las cárceles y al exilio a todo el que mostró interés electoral opositor, eliminando la nacionalidad de los más connotados, como una suerte de remedio preventivo permanente.

Uno quisiera asumir que es senilidad. No. Es perversidad, miedo, megalomanía. Sabe que pese al absoluto control, pudiera emerger desde los limitados escondrijos de resistencia interna una figura que canalice el amplio descontento.

Y así, como pueblos y organizaciones civiles y organismos multilaterales empujaron con sus protestas y acciones solidarias contra los Somoza, se debe repetir el comportamiento contra Ortega-Murillo y Laureano, hijo, a quien el ilegítimo presidente nicaragüense proyecta como heredero.

Lo que no debe hacer un gobierno, como acaba de ocurrir con República Dominicana, es condenar públicamente la intención de un país de violar normas internas, sino esperar la reunión de un organismo multilateral que trate el asunto y allí fijar su posición.

Si Trump y Rubio le reclamaron el comunicado al gobierno dominicano, horrible. Si RD se adelantó para ganar bonos, peor.

En horas, la administración Trump nos pagó estableciendo nuevos aranceles, medida vinculada a supuestos (inexistentes) trabajos forzosos en RD.

(El argumento oficial de ruptura con Nicaragua por la defensa de valores democráticos expresados en elecciones nos forzaría a romper con numerosos países asiáticos, árabes y algunos del hemisferio).

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