
La apertura del mercado dominicano al arroz estadounidense sin aranceles mantiene en alerta a los productores de Montecristi, que advierten de los riesgos para una actividad que genera unos 15,000 empleos directos e indirectos en la provincia y moviliza más de RD$10,000 millones al año.
Las asociaciones de productores, representantes de factorías, molineros y trabajadores agrícolas reclamaron al Gobierno del presidente Luis Abinader medidas concretas para preservar la competitividad de la producción nacional frente a las importaciones, al considerar que una apertura sin condiciones podría reducir la rentabilidad de las cosechas y extender sus efectos al conjunto de la economía provincial.
El reclamo fue planteado durante una concentración en Villa Copa, municipio de Villa Vásquez, donde pequeños y grandes productores advirtieron de que el problema trasciende los intereses de los agricultores y alcanza el abastecimiento de uno de los alimentos fundamentales de la canasta básica dominicana.
A la manifestación acudieron productores de Castañuelas, Las matas de santa Cruz, Villa Vásquez, y el municipio San Fernando de Montecristi, así como representante nacionales de diferentes asociaciones arroceras.
El sector no cuestiona únicamente el ingreso de arroz importado, sino las condiciones bajo las cuales deberá competir con la producción estadounidense, en un mercado en el que los costos, las estructuras productivas y las capacidades operativas pueden ser diferentes.
“Confiamos en la gestión que está realizando el presidente de la República, pero cada momento tendrá sus decisiones”, expresó Rubén Sosa, productor arrocero de la zona, al señalar que los agricultores esperan respuestas concretas de las autoridades.
La preocupación se centra en el futuro de las reglas que regulan las importaciones del cereal en el marco del Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (DR-CAFTA), cuya apertura comercial plantea desafíos para la continuidad de la producción local.
Montecristi, vulnerable ante una caída del arroz
Rubén Sosa afirmó que Montecristi cuenta con unas 311,000 tareas dedicadas al cultivo del arroz, en las que participan aproximadamente 5,988 productores y se generan alrededor de 15,000 empleos directos e indirectos.
Según sus estimaciones, la provincia produce unos tres millones de fanegas anuales y la actividad mueve más de RD$10,000 millones, lo que convierte al cereal en uno de los principales soportes de la economía local.
El impacto de una eventual contracción no se limitaría a las fincas. Las factorías, el transporte de carga, los proveedores de insumos, los comerciantes y los pequeños negocios también dependen, en distintas proporciones, de los ingresos que genera cada ciclo de producción.
Los productores recordaron que una sequía que afectó las cosechas entre 2015 y 2016 provocó, según sus estimaciones, el colapso de más del 60% de los comercios de la provincia. Afirmaron que algunos agricultores tardaron años en recuperarse, mientras otros tuvieron que entregar sus parcelas a entidades financieras por las dificultades para cumplir sus compromisos económicos.
Aunque esas cifras requieren contrastarse con registros económicos oficiales, el antecedente expone la vulnerabilidad que puede experimentar una provincia cuando una parte importante de su actividad comercial depende de un mismo cultivo.
Los representantes del sector sostienen, además, que Montecristi dispone de pocas alternativas industriales para absorber la mano de obra que podría quedar desplazada si disminuye la rentabilidad del arroz.
Una crisis prolongada, advierten, podría repercutir en los ingresos familiares, el crédito agrícola y la capacidad de los negocios rurales para mantenerse operativos.
Marcos Rodríguez, presidente de la Federación Nacional de Productores de Arroz, reclamó una solución que permita al sector enfrentar la apertura del mercado contemplada en el DR-CAFTA y recordó que Abinader había asumido personalmente el compromiso de dar seguimiento a las negociaciones comerciales.
“El presidente está claro de lo que significa el sector arrocero en República Dominicana, lo que somos los productores, lo que es la industria, lo que es la economía”, manifestó Rodríguez.
El dirigente sostuvo que el arroz constituye una de las actividades de mayor peso dentro del aparato agropecuario nacional y pidió que las decisiones comerciales tomen en consideración sus repercusiones sobre el empleo, la industria y las comunidades agrícolas.
La controversia también está relacionada con el futuro de las disposiciones que regulaban las importaciones, tras la derogación del Decreto 693-24. Los productores reclaman claridad sobre el mecanismo que sustituirá el esquema anterior y las condiciones bajo las cuales podrá ingresar arroz procedente de otros mercados.
El alcance de esas medidas será determinante para establecer cómo se aplicarán los compromisos comerciales y qué margen de adaptación tendrán los productores dominicanos. El sector espera que las nuevas reglas mantengan condiciones similares a las del régimen anterior, aunque reconoce que algunos aspectos regulatorios podrían mejorarse y aclararse.
ADOFA: “No puede entrar arroz importado masivo por las aduanas”
Heraldo Suero, director ejecutivo de la Asociación Dominicana de Factorías de Arroz (ADOFA), afirmó que el debate no debe limitarse a la rentabilidad de los agricultores, sino que debe incluir la capacidad del país para garantizar el abastecimiento de un alimento estratégico.
«Lo que está en juego aquí en el país es la soberanía alimentaria. Es el privilegio de producir en estas tierras el alimento de primera necesidad en el cual somos autosuficientes», sostuvo.
Suero advirtió de que una entrada masiva de arroz importado podría debilitar la producción nacional, al considerar que las industrias dominicana y estadounidense operan bajo estructuras productivas diferentes.
“No puede entrar arroz importado masivo por las aduanas. Eso destruye la producción nacional porque es una competencia asimétrica”, afirmó el representante de ADOFA, quien calificó de desigual la competencia entre ambos sectores.
El dirigente expresó su confianza en que las autoridades dominicanas y sus socios comerciales encuentren una salida que tome en cuenta las particularidades de la producción local y la importancia del arroz para la seguridad alimentaria.
Suero defendió la autosuficiencia arrocera como una ventaja estratégica, especialmente ante escenarios de crisis internacionales, interrupciones de las cadenas de suministro o dificultades para acceder a alimentos procedentes del exterior.
La posición del sector es que preservar la producción nacional no solo protege a los agricultores y a la industria molinera, sino que también contribuye a reducir la dependencia de las importaciones en un producto de consumo masivo.
Los datos
La dimensión económica del conflicto se extiende mucho más allá de Montecristi.
Según las cifras ofrecidas por los produstores del sector, la producción arrocera involucra entre 30,000 y 32,000 productores en el país, genera alrededor de 300,000 empleos directos e indirectos y moviliza entre RD$45,000 millones y RD$50,000 millones anuales.
Los productores también atribuyen al arroz entre un 12% y un 13% del aporte agropecuario, aunque esa proporción y las cifras de empleo y facturación requieren precisarse mediante estadísticas oficiales para determinar el período y la metodología utilizados.
El cultivo se desarrolla en más de 21 provincias y sostiene una cadena que comprende la preparación de terrenos, la siembra, la cosecha, el procesamiento industrial, el transporte y la comercialización.
ONELIO DOMINGUEZ









