
POR CRISTHIAN JIMENEZ.- Enfermo, jubilado constitucionalmente y su entorno familiar y político bajo asedio. Era un cadáver partidario. Podía quedarse a presidir y decidir los puestos fundamentales. Grave error. Cuando despertaron, como en el cuento de Monterroso, el monstruo seguía allí, tropas reagrupadas y con renovados bríos.
Danilo Medina sigue al mando en el Partido de la Liberación Dominicana y decide presente y futuro. Carece de la fuerza para posibilitar el triunfo del PLD, pero tiene los instrumentos para provocar que otros pierdan y él mantenerse a flote.
Gonzalo Castillo es pieza clave en su ajedrez. Se le zafó en una ocasión, pero lo trajo al ruedo en un tiempo electoral interno fundamental, como parte de su infantería. Con él ilusiona a inocentes, frena adversarios y abre posibilidades de acuerdos mayores.
Medina aun persigue las “deslealtades” del 2007, cuando colérico y en negación proclamó: “me venció el Estado”. Con el expediente Odebrecht zanjó algunas de aquellas cuentas.
Los aspirantes presidenciales validados y que asumieron un esquema de promoción dispuesto por la dirección partidaria, a contrapelo de las autoridades electorales nacionales, parecen caminar a una trampa. Abel Martínez, candidato presidencial peledeista del 2024, fuera del esquema, luce alicaído.
Medina rivaliza semanalmente con los aspirantes y traza la pauta, el ritmo político morado, desde cualquier punto de la geografía nacional. Proyecta mayor inspiración en momentos en que el escenario se abre a los que disputan la nominación presidencial, como en el caso del silenciado debate. Gonzalo no puede hablar, de ahí su ausencia; Danilo habla por él y evita que el PLD amplifique la actividad.
La agudización de las diferencias podría generar nuevas hemorragias moradas, contenidas temporalmente por el impacto de la salida de Gonzalo, que evocó aquel 38 por ciento del 2020, desde el poder. Reavivó algunas esperanzas.
El PLD necesita retirar el freno, momentum que desperdició en 2020, cuando debió asumir una reorganización profunda tras la división y su derrota en todos los niveles de elección electorales.
Difícil reencontrar el camino en las actuales circunstancias.









