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Expertos del BID sugieren políticas públicas para industrializar el sargazo

SANTO DOMINGO.- Controlar el impacto de la naturaleza es posible, sobre todo frente a situaciones calamitosas para países que tienen al turismo como una de sus principales fuentes económicas, siempre que los gobiernos, con la implementación de políticas públicas motiven inversiones nuevas en industrialización de materiales como el sargazo.

El sargazo es una macro-alga arrastrada por los océanos marinos hacia las playas, convirtiéndose en una “espina el zapato”, en el sector turístico, incluyendo el dominicano, que como otras naciones afectadas, forma parte de múltiples proyectos para combatirlas, usarlas en procesos industriales y hasta impulsar las inversiones en plantas procesadoras, pero aún el problema sigue sin mayor aprovechamiento.

La cooperación internacional también continúa. Estudios, planes y hasta cuotas de financiamientos y de investigación permanecen en organismos internacionales de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal); del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), del laboratorio de Oceonografía Óptica de la Universidad de Florida, del Instituto Tecnológico INTEC, entre otros.

Sin embargo, una reciente investigación de los técnicos especializados del BID, Santiago Junior Bucaram Villacis y Tatiana Valeria Watson Murcia, ponen el dedo en la llaga: Es necesario enfrentar lo que ellos llaman los “cuatro filtros” que impiden la abundancia para el desarrollo industrial del sargazo.

Estos son: En primer lugar el tiempo que trae la contaminación, porque al poco tiempo de estar “encallado” el cúmulo de algas se descompone y despide gases tóxicos que frenan su recolección por la complejidad que reviste la reducción de arsénico en las algas; los distintos tipos de algas (variabilidad) que llegan al Caribe y, por la cantidad que llega, que es impredecible y puede desbordar la capacidad de recolección y el transporte (congestión logística).

Los especialistas del BID plantean que la solución no debe estar solo en la financiación de plantas o en la entrega gubernamental de subsidios, sino en verificar la calidad de las algas, la consistencia y la previsibilidad de las llegadas, que es lo que explica el por qué las industrias compran algas cultivadas del Asia en vez de la región del Caribe, donde la materia prima es gratuita.

Atribuyen ese efecto a que mientras los satélites fotografían millones de toneladas, la fábrica se alimenta de una fracción pequeña, volátil e impredecible y por eso “los proyectos piloto para incentivar el desarrollo de la industria no han logrado graduar en los últimos años”.

Creen necesario mover el enfoque hacia una visión integral y compartida que le permita al sector privado operar, que es la clave para que esta industria gane tracción.

Sargazo.
Sargazo.Archivo

La abundancia equivocada

Los expertos del BID afirman en un blog que corregir esta imperfección es una gran oportunidad, y la buena noticia es que estas restricciones se corresponden con una intervención técnicamente factible, institucionalmente alcanzable y financieramente justificable, algo que se puede alcanzar en tres capas:

Primero, una base de infraestructura regional: alerta temprana, logística antes de la puerta de la fábrica, y monitoreo de calidad como bien público.

En segundo lugar, apelar a instrumentos financieros que corrigen las fallas de mercado que mantienen la inversión privada por debajo del óptimo social.

Y, en tercer lugar implementar secuencia tecnológica y normas obligatorias de calidad que definan qué se construye con la inversión que las capas anteriores hacen viable.

En el blog, los analistas del BID explican que la solución al problema del sargazo no radica solo en la financiación de plantas de procesamiento aisladas, “sino en que los Estados inviertan en bienes públicos regionales (como sistemas robustos de alerta temprana, infraestructura logística previa a la planta, monitoreo estricto de calidad e instrumentos financieros), para corregir las fallas del mercado y hacer viable la inversión privada”.

El análisis de los expertos del BID se titula: “Desarrollo de la industria del sargazo en el Caribe: la abundancia equivocada” y plantea como mensajes clave que la abundancia de sargazo es engañosa: lo que miden los satélites no es lo que la industria puede procesar de forma estable, rentable y continua.

Asimismo, que la volatilidad impide la escala industrial: deterioro rápido, contaminación, variabilidad del material y cuellos logísticos hacen racional que las empresas se queden en pilotos.

Y, que el rol del BID es clave para destrabar los bienes públicos a nivel regional: más que financiar plantas, el abordaje para generar impacto está en proveer información, estándares y marcos regulatorios que permitan que el mercado exista.

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Observaciones de los expertos

– En cualquier otro sector, una materia prima gratuita y abundante genera inversión, competencia, escala. Con el sargazo ocurre lo contrario: su abundancia no está haciendo crecer el sector que supuestamente debería aprovecharlo.

– La evidencia muestra que el problema del sargazo no es de falta de recursos, sino de ausencia de bienes públicos: información confiable, estándares de calidad, marcos regulatorios y coordinación regional.

Es esencial que los países de esta región (Caribe) trabajen de la mano en la construcción de esas condiciones habilitantes que ningún actor privado puede proveer por sí solo. Entender esta distinción es clave para transformar el sargazo en una posibilidad real de un mercado funcional.

CANDIDA ACOSTA-LISTIN DIARIO

Redacción

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