
El estudio sobre abstención electoral resalta la capacidad de la dirigencia política de sentarse a una mesa diálogo
La investigación que presentó recientemente el Centro de Análisis para la Promoción Electoral (Capel) sobre la abstención electoral, resaltó que, en un análisis comparado sobre la calidad de la democracia, la República Dominicana podría calificarse como un fenómeno de singularidad institucional porque mientras otros países atraviesan por una caída en los estándares democráticos, la nación dominicana emerge como un caso excepcional de fortalecimiento democrático.
“El análisis de la calidad democrática en la República Dominicana, bajo un lente de política comparada, revela un fenómeno que podría calificarse como una “singularidad institucional” en el hemisferio occidental. Mientras el sistema internacional atraviesa una fase crítica denominada la “tercera ola de autocratización” y América Latina se sumerge en su novena caída anual consecutiva de estándares democráticos, la nación dominicana emerge como un caso excepcional de profundización democrática”, señala el informe.
La investigación puntualiza que el resultado es producto de un enfoque de democracia independiente basada en reformas institucionales internas.
“Lo que significa que el país está logrando fortalecer sus instituciones por causas y reformas internas, desvinculándose de las tendencias negativas de sus vecinos. Esta posición de vanguardia sitúa al país en un lugar privilegiado, ocupando el puesto 64 en el Índice de Democracia Liberal (LDI) con una mejora acumulada de 0,166 desde el año 2018, lo que representa uno de los crecimientos más consistentes y estadísticamente significativos de la última década en la región”, reconoce la investigación.
Agrega que una de las ventajas más disruptivas y menos visibilizadas de la democracia dominicana es su extraordinario desempeño en el componente deliberativo de su clase política (DCI), donde alcanza una puntuación de 0.90, que la sitúa en el puesto 22 a nivel mundial.
“La República Dominicana supera en la calidad de su discurso y razonamiento político a potencias democráticas históricas como el Reino Unido, Francia, Canadá y los Estados Unidos. Este indicador evalúa si las decisiones políticas están motivadas por el interés del bien común y si existe un respeto genuino por el pluralismo y los argumentos de la oposición. El hecho de que el liderazgo político dominicano esté justificando sus posiciones bajo criterios de racionalidad pública sugiere una sofisticación en la élite política que es inusual en contextos de economías en desarrollo”, resalta.
Añade que la sofisticación deliberativa es un activo estratégico que permite al país gestionar conflictos sociales mediante el diálogo, que blinda la estabilidad necesaria para el crecimiento económico y la paz social.
En términos de arquitectura electoral, el país ha logrado una “excelencia procedimental” casi total, puntualiza Capel, con una calificación de 9,17 en proceso electoral y pluralismo, la República Dominicana se iguala técnicamente a los Estados Unidos y se aproxima a los estándares de democracias plenas como España y Chile.
“Este puntaje es el reflejo de una maquinaria electoral de alto rendimiento, capaz de organizar comicios que los organismos internacionales califican sin ambigüedades como libres y justos” anota la investigación. Resalta que la solidez en las reglas del juego ha permitido que la alternancia en el poder, especialmente tras el ciclo de 2020, sea percibida como un proceso natural y fluido, reduciendo los riesgos de personalismo caudillista que históricamente han lastrado a las naciones caribeñas.
“Esto no significa que el sistema es perfecto. Existen desafíos que deben superarse para transitar de una democracia imperfecta hacia una democracia plena, el sistema dominicano tiene ante sí una oportunidad histórica de evolución.
El principal reto, que debe abordarse con un enfoque propositivo, reside en la modernización y profesionalización del funcionamiento del gobierno, que actualmente cuenta con una puntuación de 5,00”, observa.
Considera el estudio que al elevar ese indicador a niveles comparables con los de Uruguay o España, el Estado dominicano podría garantizar que sus ciudadanos no solo tengan el derecho a elegir, sino que reciban servicios públicos de alta calidad que refuercen su satisfacción con el sistema.
“La implementación de medidas de transparencia y rendición de cuentas, que ya han mostrado avances en la independencia del Ministerio Público, es el camino natural para que la eficiencia administrativa alcance la misma sofisticación que el proceso electoral”, aconseja.
Otro punto de mejora que señala el informe es el fortalecimiento de la cultura política que actualmente está situada en 4,38. “La insatisfacción con su funcionamiento práctico (38%) sugiere que hay un espacio fértil para el empoderamiento ciudadano”, concluye.
Los desafíos de la democracia según Capel
Uno de los puntos de mejora que identificó la investigación tiene que ver con las percepciones persistentes como la vigilancia política o el clientelismo. El informe indica que el país puede profundizar en garantías que aseguren la privacidad absoluta del sufragio, elevando la confianza en el secreto del voto del 38% actual a niveles de referentes regionales como Chile o Costa Rica. Otro pilar con potencial de crecimiento es el de los derechos y el bienestar básico, donde el país ocupa actualmente el puesto 101 a nivel mundial. “El siguiente paso lógico es “socializar” esa democracia, asegurando que el desarrollo económico se traduzca en una distribución más equitativa de recursos que elimine las barreras para el ejercicio de los derechos políticos. Al cerrar la brecha entre la libertad de votar y el bienestar básico, podría consolidarse no solo como un líder institucional, sino como un modelo de desarrollo social en el Caribe”, puntualiza el investigación.
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