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La vida de una salonera ante el COVID-19: “Estamos sobreviviendo con lo poco que ahorramos”

SANTO DOMINGO.- Debido a la pandemia del coronavirus, como esta trabajadora informal hay muchos en el mundo. Polonia Estévez tiene un salón en la parte delantera de su casa en el Barrio Duarte de Herrera. Hace dos semanas cerró su negocio como una forma de proteger a sus cuatro hijos y su esposo, pese a que ahora no está recibiendo dinero para sus necesidades básicas.

“Nosotros estamos sobreviviendo como lo poco que ahorramos” cuenta la microempresaria que en los fines de semana tenía repleto de mujeres su salón, con el que ha “tirado pa’ lante”.

Su esposo, Noelio Bencosme, también pertenece al sector informal de República Dominicana. Él tiene una peluquería en el Libertador de Herrera junto a un amigo, pero tal como otros negocios que no ofrecen servicios de primera necesidad, está cerrado.

Polonia cuenta que para comer su esposo es quien está yendo al supermercado una vez por semana, comprando lo que se pueda. Para ellos lo más difícil es dejar de producir porque “de ahí uno se mantiene de todo, es difícil, pero tenemos que hacerlo (al referirse a dejar los negocios cerrados)”.

La salonera cree que con Dios mediante podrá salir de esta situación que ella define como “una prisión sin delito”.

Antes, Polonia se la pasaba arreglando el pelo de las mujeres. Ahora, sus días han transcurrido ejerciendo otras tareas como lavar, cocinar, limpiar la casa y fregando, expresa ella misma.

Ella lamenta que algunas personas no quieran cooperar quedándose en casa para evitar la propagación del virus y así poder retomar su rutina diaria. Sus hijas mayores, de 24, 21 y 19 años, estaban trabajando en tiendas y lugares de comida que también han cerrado sus puertas en los últimos días.

A esta familia, por el momento, no le queda de otra que seguir gastando sus ahorros moderadamente bajo la incertidumbre de cuándo podrá acabar todo.

Jhenery Ramírez

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