Opinión

Sororidad al más alto nivel

Este domingo pasado, el mundo atestiguó uno de los eventos deportivos más importantes y de mayor audiencia, el “Súper Bowl”, como se le conoce a la batalla por el campeonato del fútbol americano. Más allá del valor que tiene para el mundo de los deportes, el “Súper Bowl” constituye una plataforma extraordinaria para llevar mensajes a una audiencia global.

Eso fue justamente lo que sucedió en la edición del pasado domingo, donde dos cantantes latinas, Jennifer López y Shakira, junto a otros artistas, aprovecharon un espacio de apenas 15 minutos para llevar un mensaje poderoso a las mujeres en todo el mundo: la sororidad o la hermandad entre mujeres.

No vimos a dos mujeres compitiendo por verse mejor que la otra; tampoco vimos una competencia de talento o de quién obtenía más aplausos. Fuimos testigos de la compenetración y la complicidad entre dos grandes artistas que unieron sus capacidades para demostrar la gran influencia que tiene la mujer en el mundo actual.

La sororidad desde una perspectiva femenina se refiere al amor entre hermanas, a la solidaridad entre las mujeres que luchan por sus derechos. No fue hasta 1984 que la Real Academia de la Lengua incorporó el término en el diccionario de la lengua española, aceptando que la raíz “soror” proviene del latín que significa “hermana”.

El término se ha convertido en el emblema de una generación que aspira a la equidad entre los géneros, constituye un lazo que une a las mujeres sin importar el país al que pertenezcan. Es el equivalente al símbolo de la “fraternidad”, o hermandad masculina, que ha forjado el mundo como lo conocemos.

El objetivo al que debemos apuntar es a propiciar el necesario pacto entre mujeres, que sirva para frenar la desigualdad genérica que somete a la mujer a la marginalidad, para entrar al espacio de la política con determinación y “construir desde dentro” los cambios que requiere la sociedad.

El mensaje contundente de Shakira y Jennifer López es una invitación a enfrentar una sociedad que está codificada para que la mujer sea inferior, teniendo como principal herramienta la hermandad entre mujeres. La paridad de género se logrará cuando podamos redefinir el concepto de ciudadanía, para que entrañe los mismos derechos para ambos géneros.

Un comportamiento sororo busca identificar los elementos de opresión que tienen en común las mujeres; es enfrentar el modelo de competición entre las mujeres, es hacer conciencia del poder de cambio que tenemos las mujeres.

Las grandes luchas que la mujer ha ganado han tenido como base la sororidad, como sucedió recientemente con el movimiento del #MeToo.

La sororidad nos hace caer en cuentas que las mujeres tenemos mucho que perder si no actuamos para articular un modelo que promueva el valor de la equidad. La sororidad se constituye desde su génesis en un pacto político de género entre mujeres, que se reconocen como aliadas, aún no sean amigas ni hermanas: que actúan sin jerarquía, reconociendo la capacidad de cada una para superar los obstáculos que impiden la equidad entre los géneros.

Millones de mujeres hemos hecho nuestro un vocablo que refleja la lucha por la igualdad. Las que aún no lo han hecho están a tiempo, porque de nuestra hermandad depende el futuro de la mujer en el mundo.

Fuente: La autora es Vicepresidenta de la República 

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