Opinión

A seis años de gobierno del PRM: Bajo crecimiento y alta inflación

POR LEONEL FERNANDEZ.- De conformidad con pronósticos del Banco Central, la República Dominicana tendrá este año, 2026, un crecimiento en torno al 4% del PIB. Eso tendría como sustento un aumento de la demanda interna, términos de intercambio más favorables y altos precios del oro.

Deseamos que así sea. Pero, la realidad es que al arribar el PRM a sus seis años de gobierno, se percibe un ambiente de malestar social en la República Dominicana. La razón se debe a que durante ese lapso la economía ha evidenciado un crecimiento volátil e inestable.

Así, el débil crecimiento de 2.2% en el 2023 y de 2.1% en el 2025 han determinado que, durante la actual gestión de gobierno, el crecimiento económico nacional haya estado por debajo del histórico 5% de las últimas décadas.

Solo en dos ocasiones, en el 2022, con 5.2%; y en el 2024, con 5%, se ha logrado converger durante este gobierno, hacia la tendencia de largo plazo de crecimiento de nuestra economía.

En el 2021, se difundió la idea de que el crecimiento había sido de un 21% del PIB. Obviamente, se trataba de una manipulación. En realidad, como se explicó en su momento, constituía más bien un rebote estadístico, fruto de la severa contracción experimentada el año anterior, con motivo de la pandemia del Covid-19, que fue de -7.9%.

De acuerdo con posteriores declaraciones del Banco Central, de ese 21%, únicamente el 4.3% fue crecimiento orgánico real, por lo cual, durante el periodo 2020-2025, el crecimiento promedio anual fue tan solo de 3.4% del PIB, poniendo en evidencia un crecimiento bajo, volátil e inestable.

A su vez, ese bajo crecimiento se vio concentrado en pocos sectores; muy especialmente en los relacionados con hoteles, bares y restaurantes; comercio y construcción, los cuales constituyen prácticamente la mitad de todo el crecimiento nacional.

Sectores a la baja

En contraste con lo arriba señalado, durante el periodo considerado, el sector agropecuario solo pudo alcanzar 2.7%, lo que pone de manifiesto un estancamiento crítico que vulnera la autosuficiencia alimentaria nacional.

Entre 2020 y 2025, las importaciones agropecuarias y agroindustriales han crecido cerca de un 75%, afectando sensiblemente a los sectores productores nacionales; y eso ha sido de tal magnitud que aún se mantiene al alza, incluso años después de la aplicación del arancel cero a 67 productos.

Por igual, el área de manufactura local ha tenido el mismo frágil desempeño que la agropecuaria, solo 2.7%. El 2023 fue, inclusive, su peor desempeño en décadas, con una caída de -1.5%; y el año pasado, 2025, una nueva desaceleración la precipitó hasta alcanzar solo 1.4%.

Todo eso, por supuesto, pone de relieve una notable pérdida de competitividad, durante el actual gobierno del PRM.

En lo que concierne al área de la construcción, uno de los motores históricamente de mayor dinamismo en el sistema económico nacional, solo ha alcanzado, durante los últimos seis años, la pírrica cifra de 2.6%; y el año pasado, algo insólito, inconcebible de -1.8%.

Por consiguiente, no han sido factores externos, como en ocasiones se alega, los que han ocasionado la brusca caída del crecimiento económico en áreas sensibles de nuestra economía. Han sido, en realidad, factores internos. Los de carácter externo, solo han podido amplificar lo generado en el plano nacional.

Alto costo de la vida

La gran paradoja del manejo económico durante los últimos seis años es que mientras ha habido una brusca disminución de su crecimiento, el alto costo de la vida, en cambio, se ha convertido en el foco central del malestar económico y social que se esparce sobre el país.

En julio de 2026, la inflación interanual alcanzó 5.47%, superando el límite superior de 5% establecido por el Banco Central. Con ese resultado, el país acumula cuatro meses consecutivos por encima del límite superior y 10 meses por encima del valor central de la meta del 4%.

El problema adquiere una dimensión social debido a que las mayores presiones inflacionarias se concentran en bienes y servicios de consumo diario por parte de la población. El alza de precios de alimentos y bebidas no alcohólicas alcanzó 6.75%, al tiempo que alimentos y transporte explican casi el 57% de la incidencia inflacionaria.

La consecuencia más tangible de todo ese drama se refleja en el presupuesto de las familias. Como ejemplo, basta decir que el costo promedio de la canasta familiar aumentó de aproximadamente 47,000 pesos en julio de 2025 a 49,600, en julio de este año.

Eso significa que una familia necesita ahora 2,572 pesos adicionales cada mes para adquirir una canasta comparable a la que podía comprar un año atrás.

De acuerdo con la FAO, mientras el índice de precio de los alimentos, a nivel internacional, aumentó en solo 1% interanual, en la República Dominicana los precios de los alimentos subieron 6.75%, es decir, 6.7 veces más que en el resto del mundo.

El alto costo de los alimentos no aparece, sin embargo, de forma aislada. Es el primer elemento de una amplia lista de problemas, que incluye, factura eléctrica alta, apagones, precio del agua potable, regreso a clases, viviendas inalcanzables, salarios insuficientes y pérdida de poder adquisitivo.

En fin, cada dificultad no es un problema separado, sino una misma realidad acumulada. Vivir cuesta más, el dinero rinde menos y el alivio no llega con suficiente fuerza al hogar.

Una economía que no crece y unos precios que no paran de subir. Eso, naturalmente, es lo que provoca la irritación, el rechazo y la angustia que en estos momentos se manifiesta en la población dominicana.

Resultado de seis años de gobierno del PRM.

Redacción

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