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Con responsabilidad y madurez

Por Cristhian Jiménez.- Las crisis provocan los mejores y peores sentimientos entre los humanos.  Se manifiesta primero el individualismo, quizás por el instinto de supervivencia, sin que importen los demás. Por eso hemos visto lamentables escenas en los supermercados y farmacias en que ciudadanos adquieren productos difíciles de almacenar en el hogar y sin importarles que otros obtengan lo mínimo para superar un período de limitaciones.

El otro, no importa; no existe en esos momentos de pánico e incertidumbre. Rebasada esa etapa (algunos no la superan nunca), entonces devienen hermosísimas y creativas formas de solidaridad.

Es lo que hemos vivido en esta pandemia, que ha provocado una impensable disrupción en todos los órdenes. De discutir sobre inteligencia artificial hemos pasado a intentar enseñar a los seres humanos cómo lavarse las manos. ¡Increíble!

Los gestos de solidaridad han sido impresionantes de médicos, enfermeras, militares, artistas. Algunos han pagado con su vida, la ayuda y apoyo al prójimo en riesgo. Hay ejemplos que emocionan hasta las lágrimas.

En el caso nuestro tenemos experiencias que seguir y evitar los errores de quienes minimizaron la gravedad de este coronavirus denominado Covid-19 y hoy pagan las consecuencias. No todo ha sido perfecto en el ámbito local, y las autoridades dominicanas han cometido errores que se han ido corrigiendo sobre la marcha.

Es un aprendizaje diario que requiere de la comprensión de todos los cuidamos. Algunos ya han dicho que la responsabilidad y la solidaridad de cada uno mata al virus.

En otro orden, el liderazgo nacional, que ha tratado de estar a la altura de la gravedad de la nueva realidad, debe ir proyectando situaciones en tiempo y espacio, para asumir dolorosos cambios con la mayor responsabilidad y madurez.

Adelanté el lunes último que la gestión de esta crisis sanitaria podría reencauzar votos que influirían en los resultados de las próximas elecciones y aunque los políticos opositores han brindado apoyo a las autoridades oficiales en el Congreso y asumiendo las medidas restrictivas y de compensaciones y agregando otras, es evidente que no existe la mínima confianza entre los actores partidarios, por lo que cualquier idea en torno a los comicios venideros genera suspicacia. Ya el gobierno politizó el drama sanitario con el manejo de las ayudas y el trato mediático de la famosa boda, al colocarla como foco fundamental de la expansión del virus y vinculando figuras y apellidos de la oposición con aquella irresponsabilidad festiva.

El PLD y el presidente Danilo Medina insistieron en que las elecciones municipales definirían el triunfo de los comicios de mayo, pero un resultado desastroso les ha hecho cambiar el discurso y parecería imposible recuperar espacio con un mayo tan cercano. Además, el hartazgo de 16 años ininterrumpidos en el poder, la división la corrupción e impunidad, con recientes escándalos, dificultan más la hazaña.

Una pandemia y el azar, de nuevo. La oposición tiene razones de sobra para dudar de Medina y el PLD, empero, perece que habrá que sentarse a la mesa, todos, a discutir con tiempo algunos cambios en el calendario electoral, sin tocar la Constitución.

Y es que no hemos llegado al pico del Covid-19, que parece sería en el mes de abril, a solo días de una actividad que reúne millones, cuando hasta con uso de militares los hemos apartado. 30 de junio en mejor de los casos, una posible segunda cuatro semanas después e instalación 16 de agosto.

El autor es periodista

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