Estrés, sueño y microplásticos, las causas menos atendidas de obesidad

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Según un relevamiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la obesidad en adultos aumentó en todos los países de la región.

Y si se tiene en cuenta que cifras de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), coinciden en que las tasas de sobrepeso y obesidad se han triplicado en la región en los últimos 50 años, y “la obesidad es uno de los principales factores de riesgo de muchas enfermedades no transmisibles (ENT), como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y los accidentes cerebrovasculares, así como de varios tipos de cáncer”, vale decir que entender el problema de manera integral favorecerá mejores resultados en su tratamiento.

Y si bien de manera genérica podría decirse que el sobrepeso es el resultado de un disbalance entre la ingesta calórica y el gasto de energía, lo cierto es que son muchas las causas que intervienen en estos dos factores.

“La obesidad es una enfermedad multicausal, compleja, por eso su abordaje también lo es”, comenzó a analizar consultada por Infobae la coordinadora del Grupo de Trabajo de Obesidad de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) y directora de posgrados en la Universidad Favaloro, Ana Cappelletti (MN 76523).

Para ella, “entre el estímulo y la respuesta que genera el alimento, existen vínculos fisiológicos, psicológicos, socioculturales y ambientales” que muchas veces no son tenidos en cuenta. Y es “el conocimiento de las múltiples causas de la obesidad” lo que “permite una mirada amplia y necesaria de esta enfermedad, que va más allá de los factores individuales de la persona”.

Cuáles son las causas menos atendidas de la obesidad

Deuda de sueño. Según la médica especialista en Nutrición, directora del Centro Dra Katz y de la diplomatura de Obesidad en Universidad Favaloro y miembro de la Comisión Directiva de la SAN, Mónica Katz (MN 60164), “dormir menos de siete horas por la noche es uno de los motivos que menos se tienen en cuenta a la hora de abordar el sobrepeso”.
Y tras analizar que “en el mundo actual, el entretenimiento compite con el tiempo de sueño y de descanso nocturno”, la experta destacó que “eso altera la hormona tiroidea, baja la leptina, que es una hormona natural que quita el hambre, y eleva la grelina, que aumenta el hambre; así que dormir menos de siete horas por la noche sin dudas aumenta el riesgo de obesidad”.

Con ella coincidió la licenciada en Nutrición María Cecilia Ponce (MN 3362), quien enfatizó que “dormir inadecuadamente y no tener un sueño reparador altera las hormonas leptina y grelina, que son las que regulan los ciclos de apetito y saciedad”. Ese es el motivo, según ella, por el que “las personas que tienen un trabajo nocturno o aquellas que atraviesan situaciones que no les permiten tener un sueño reparador van a ver condicionadas estas hormonas que regulan el apetito y por lo tanto contribuir a un mayor acúmulo de peso”.

Estrés. “El estrés es otro motivo muy importante de obesidad; la sociedad actual está con niveles inéditos de estrés y esto no solamente cambia las preferencias gustativas y alimentarias -es decir las personas estresadas tienden a comer más carbo grasa, ya sea dulce o salada- sino que también forma nuevos vasos sanguíneos en la pared del abdomen y nuevas células grasas -señaló Katz en este punto-. Así que tener estrés es saber que se va a ganar grasa abdominal y se va a preferir peor calidad de comida”.
Asimismo, Ponce sumó: “Una de las causas que puede conducir al exceso de peso son los niveles altos de cortisol, una hormona que permite adaptarse al estrés, pero cuando el estrés emocional, físico, psíquico es constante esa hormona queda elevada por más tiempo lo cual impide hacer una correcta combustión de la grasa correcta, aumenta los niveles de glucosa y por consecuencia de insulina, todo lo cual conduce a que no se registre el apetito de manera correcta y no se tomen buenas decisiones al momento de alimentarse”.

Disruptores hormonales. Se trata de sustancias químicas naturales y sintéticas, alteran el funcionamiento de las hormonas. “Pesticidas, plásticos, productos de limpieza y perfumería, entre otros, actúan desde el vientre materno, en toda la etapa de desarrollo y en la adultez alterando las vías endocrinas responsables del desarrollo del tejido adiposo”, explicó Cappelletti.
Y sumó: “Además, aumentan el número de células grasas, alteran la sensibilidad a la insulina y el metabolismo de los lípidos, y alteran la ingesta de alimentos y el metabolismo a través de efectos sobre la regulación central del apetito y los sistemas de recompensa”.

Los “ftalatos”, por ejemplo, constituyen una clase de compuestos químicos que se usan para mejorar la flexibilidad y durabilidad de plásticos y fueron utilizados en los juguetes de los niños y hasta en las mamaderas. “En la actualidad son elegibles los productos que se señalan como ‘libres de ftalatos’, o aptos para calentar en microondas”, destacó la experta.

Disbiosis. Por definición, es el desbalance del equilibrio microbiano de la microbiota intestinal. Y según Ponce, “hay ciertas bacterias intestinales que van a fomentar la mayor absorción de azúcares y grasas, con lo cual mantener un microbioma más abundante en este tipo de bacterias traerá aparejada mayor inflamación y mayor asimilación de esas de esos nutrientes”.
En la mirada de Katz, “una alimentación baja en fibras, que es el alimento natural de la microbiota saludable y pobre en alimentos fermentados, como kimchi, miso, kéfir, yogur, altera la microbiota y favorece la obesidad debido a ésta tiene la capacidad de obtener calorías de todo, cosa que no tiene, por ejemplo, una microbiota en equilibrio, que caracteriza a las personas saludables, sin diabetes y con buen peso”.

Dejar de fumar. “La efectiva y necesaria campaña antitabaco no tuvo en cuenta la necesidad de acompañarla con una campaña antiobesidad”, señaló Cappelletti, quien enfatizó que “dejar de fumar sin aumentar de peso es posible con el acompañamiento profesional que, en ocasiones, incluye el uso de medicación”.
Vivir en ambientes climatizados. “Tanto en invierno como en verano, la temperatura de los ambientes es prácticamente la misma”, observó Katz otra de las causas de obesidad muchas veces no tenida en cuenta. Y explicó: “Sobre todo en invierno, cuando con la calefacción evitamos al cuerpo tener que ‘acomodarse’ al frío, lo cual es una defensa contra la obesidad. Idealmente habría que vivir a menos de 19 grados y ponerse un suéter, una campera, un pañuelito al cuello, ya que a esa temperatura se activa una grasa conocida como marrón, que nos defiende de la obesidad, y la tenemos ‘apagada’ porque vivimos a una temperatura constante”.
Automedicación y exceso de fármacos. “Antidepresivos y otras drogas usadas en psiquiatría, además de corticoides, tratamientos hormonales, insulina, fármacos antidiabéticos, betabloqueantes, son algunas de las drogas que se asocian a aumento de peso”, enumeró Cappelletti, para quien “en la mayoría de los casos existen alternativas neutras para el peso corporal”.
En la misma línea, Katz señaló que “muchos medicamentos se podrían usar en dosis más bajas o combinados con otros que no generen ganancia de peso”. “Creo que esto no es tenido en cuenta siempre por los especialistas que prescriben este tipo de fármacos, ya que si se jerarquizara, podría ser mejor evaluado por los médicos para no indicar lo que no es necesario, no dar por largo tiempo lo que puede darse menos o dar dosis más bajas si el medicamento debe ser usado, pero lamentablemente genera ganancia de peso”.

Los vínculos sociales. Sobre el final, Cappelletti recordó un estudio publicado en The New England Journal of Medicine, que “demostró que el camino al sobrepeso se comparte con amigos, esposos y hermanos”.
Según el trabajo, “los fenómenos de red parecen ser relevantes para el rasgo biológico y conductual de la obesidad, y la obesidad parece propagarse a través de los vínculos sociales”.

“En todas las evaluaciones, el riesgo de obesidad entre personas directamente vinculadas con una persona obesa resultaba un 45% más alto que si no hubiera existido esa vinculación”, concluyó el equipo de la Universidad de Harvard al que la experta de la SAN citó.

Sobre el final, acerca de qué hacer, ya que cada uno de estos factores tiene su manera de ser prevenido, Ponce recomendó: “Elegir alimentos lo más naturales posibles, evitar la alimentación industrializada, respetar los ciclos circadianos (tratar de comer durante las horas del sol y acostarnos temprano para poder tener un sueño más reparador) son hábitos saludables que van a favorecer el equilibrio de nuestro microbioma y esto, como se vio, va a afectar de forma directa al peso corporal”.

INFOBAE

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Redacción

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