
Hay accidentes que obligan a detenerse, pero existen otros que terminan cambiando el rumbo.
Para Félix Sánchez, una lesión en la muñeca no solo significó dejar temporalmente un deporte que disfrutaba. Sin saberlo, fue el giro que lo llevó a encontrar la pista donde años después escribiría una de las páginas más importantes del deporte dominicano.
Antes de convertirse en el hombre que conquistó dos oros olímpicos en los 400 metros con vallas, Sánchez dividía su tiempo entre el béisbol y el fútbol americano durante su juventud en Estados Unidos.
En el béisbol jugaba en los jardines; en el fútbol, le sacaba provecho una velocidad que todavía no sabía que algún día lo convertiría en campeón olímpico.
“Era muy rápido desde ahí. Con 12-13 años, jugaba muy bien el center field por mi velocidad, y en el fútbol también era muy buen corredor”, dijo Sánchez al Listín Diario durante una entrevista en la sección Palco de Grandes Ligas, que dirige el editor deportivo Héctor J. Cruz.
Pero la felicidad le duró poco. Una fractura en la muñeca lo llevó a buscar una disciplina con menos contacto físico. Fue entonces cuando apareció el atletismo.
Comenzó como una alternativa, pero terminó en una vocación.
“Yo comencé a practicarlo como un año sabático del béisbol, era para no estar aburrido, porque sin deportes me sentí raro. Pero poco a poco comenzó a gustarme cada vez más”, añadió Sánchez.
Por ser un deporte nuevo para él, necesitaba alguna inspiración, y bueno, llegó en Edwin Moses, la leyenda de los 400 metros con vallas.
Sánchez comenzó a estudiar sus carreras en videos, observando la manera en que enfrentaba cada valla y cómo distribuía sus pasos. No se trataba únicamente de correr rápido, sino de entender la prueba.
Años después, cuando finalmente tuvo la oportunidad de conocer personalmente a su ídolo, aunque la experiencia no fue como él esperaba.
“Pensé que él sería un poco más humilde. Me dijo que incluso con esa edad que él tenía (en ese entonces alrededor de 60 años) él me ganaba una carrera si no hubiese sido por las lesiones”, dijo Sánchez entre risas.
En Atenas 2004, Sánchez conquistó la medalla de oro en los 400 metros con vallas y le entregó a República Dominicana el primer oro olímpico de su historia. Aquella victoria parecía la culminación perfecta de una carrera que había comenzado casi por accidente.
Pero ocho años después, la historia todavía tenía otro capítulo.
Londres 2012 encontró a Sánchez con 34 años, después de varias lesiones y temporadas marcadas por las dudas.
Mientras otros atletas llegaban más jóvenes y en pleno ascenso, él intentaba demostrar que todavía podía volver a lo más alto.
“Los que vivieron las dos medallas recuerdan más lo de 2012, por lo sentimental y emocional que era, y porque era más difícil; las cosas difíciles se valoran más en realidad”, explicó Sánchez.
La diferencia estaba precisamente en el camino. En 2004, Sánchez llegó como favorito y ganar era prácticamente una expectativa. En Londres, en cambio, tuvo que reconstruirse después de años complicados.
Por eso, cuando recuerda su carrera, aquel segundo oro tiene un significado más especial, además de que fue un oro dedicado a su abuela.
MOISES MEJIA-LISTIN DIARIO









