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Intermediación: el largo camino que encarece precios de los alimentos

SANTO DOMINGO.- La intermediación en la compra y venta de alimentos sigue siendo una de las principales razones por las que muchos productos llegan tan caros al consumidor, aun cuando en el campo se venden a precios bajos.

No es un tema nuevo ni exclusivo de un momento determinado en República Dominicana. Es una dinámica repetida todos los días en los mercados, colmados y supermercados, y que termina afectando directamente el bolsillo y los ingresos de las familias.

Entre el productor, que suele cargar con el sacrificio de sembrar y poner a parir la tierra, y el consumidor final suele haber una larga cadena de personas y negocios que compran y revenden un mismo producto. Cada uno agrega su margen de ganancia, y en ese recorrido el precio va subiendo escalón por escalón.

El resultado es que lo que sale barato de la finca termina costando varias veces más cuando llega a la mesa. No siempre ese aumento responde a costos reales. En muchos casos, lo que encarece el producto es simplemente la cantidad de manos por las que pasa. Yo te compro a ti, le vendo a otro, y ese otro le pasa a una siguiente persona. Antes de llegar al final se ha movido por tres, cuatro o cinco manos. El plátano es un ejemplo claro y fácil de entender. Actualmente, el tipo Fhia se vende en finca entre RD$3.50 y RD$6.00 por unidad. El plátano criollo se paga un poco más, porque es más firme y aguanta mejor el transporte. Sin embargo (en el caso del primero), ese mismo plátano termina vendiéndose al consumidor entre RD$18 y RD$21, lo que depende del lugar donde se compre.

El criollo ha llegado a venderse hasta a 40 pesos en espacios de expendio. Un número casi insólito para un país que produce musáceas por toneladas. Entre un precio y otro hay una diferencia que no se explica solo por transporte o manejo. En la mayoría de los casos, el producto pasó por varios intermediarios antes de llegar al punto de venta final.

Con el pollo ocurre algo parecido. Productores de zonas como Licey al Medio y Moca aseguran que la libra de esa carne en granja se vende entre RD$49 y RD$50, y que hay suficiente producción para abastecer el mercado. Aun así, en algunos puntos la libra se ofrece sobre los RD$100 (en diversos colmados a 110, específicamente). Esa diferencia no se origina en la granja ni en una supuesta escasez. Se produce más adelante, cuando entran en juego la intermediación y, en gran medida, la especulación. No es raro que esto último ocurra.

Se carga el dado a las autoridades

Este tipo de situaciones lleva a muchos consumidores a pensar que cada aumento de precio es responsabilidad de las autoridades o que responde a falta de producción. Sin embargo, no siempre es así. En un mercado abierto, los precios no se pueden fijar por fuerza ni controlar a golpe de macana. Los precios se mueven por oferta y demanda, y cuando se intenta forzarlos, suele ocurrir que aparecen otros problemas, como el desabastecimiento o el mercado informal.

Eso no significa que todo aumento sea justo ni que haya que aceptarlo sin cuestionar. Significa que el problema no siempre está en el origen, sino en el trayecto. Muchas veces el productor vende barato porque no tiene otra opción, mientras que el consumidor paga caro porque no tiene alternativas cercanas. En ese punto es donde la intermediación pesa más de la cuenta.

También influye el lugar donde se vende el producto. Un mismo alimento puede tener precios muy distintos según se compre en un mercado público, un colmado de barrio, un supermercado, un negocio de una “zona exclusiva”, o a un vendedor ambulante. En sectores populares, los márgenes suelen ser más bajos porque el cliente no puede pagar más. En zonas de mayor poder adquisitivo el mismo producto se vende más caro, aunque sea exactamente igual y venga del mismo productor y el mismo terreno.

República Dominicana tiene un sector avícola robusto, para un mercado creciente.

Mirada reciente, precisión

Hace dos días, frente a los rumores sobre un alegado faltante de pollo (cosa que niegan los granjeros), representantes del comercio detallista han asegurado que no existe escasez ni de esa ave ni de huevos, y que el mercado de ambos es estable. No es extraño en suelo dominicano que, en ocasiones, se pongan a “rodar bolas” sobre desabasto. Algunas personas o empresas lo hacen para justificar alzas de precios o presionar por decisiones que alteren el mercado, y otros para conseguir permisos de importación. Basta con que se hable de escasez para que individuos aprovechen y suban los precios, aun cuando la mercancía esté disponible.

La intermediación, por sí sola, no es un problema. Es necesaria para que los productos lleguen desde el campo hasta la ciudad. El problema aparece cuando esa cadena se hace demasiado larga o cuando algunos intermediarios elevan los precios “por las nubes”, sin que se les “apriete el pecho” y sin que exista una razón clara. Ahí es donde el consumidor termina pagando más de lo que debería.

Tampoco se puede ignorar que hay costos reales que influyen en el precio final. El transporte, los combustibles, la electricidad, los alquileres y el financiamiento tienen un peso importante. Todo eso cuesta dinero y se refleja en el precio. Pero incluso tomando en cuenta esos factores, hay diferencias que siguen siendo difíciles de justificar.

Reducir el impacto de la intermediación no es eliminarla ni imponer rígidos controles de precios. Pasa por hacer la cadena más corta y más clara. Cuando el producto pasa por menos manos, suele llegar más barato al consumidor.

MARTIN POLANCO

Redacción

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