Juegos, coloridos y cocorícamo

POR NARCISO ISA CONDE.- Nuestro país vuelve a ser sede de los Juegos Centroamericanos y del Caribe con buen montaje y significativo desempeño deportivo, a cargo del talento y el trabajo de jóvenes, que saben vencer la exclusión social, para triunfar. ¡Alianza fructífera del trabajo, el deporte y la cultura! ¡Despliegue de colorido, talento y alegría!
Juegos montados en un país con enormes desigualdades sociales, colonizado, recolonizado, vilmente saqueado, donde el hambre cero es una gran mentira. País hermoso, en el que, del extraordinario heroísmo y el talento de sus atletas, sus entrenadores y sus artistas, sacan provecho sobre todo los milmillonarios de siempre.
Claro que no podía faltar la oscuridad en medio de ese lindo despliegue luminoso; oscuridad presente en el discurso de Luisín Mejía, atropellando y deformando la memoria histórica, exaltando a Balaguer y elogiando desmesuradamente a Hipólito y Abinader, después de hacerlo con los ex presidentes del PLD. Ni siquiera por prudencia obvió el espaldarazo al ministro Kelvin Cruz.
Cuando exaltó a Balaguer recordé a los jóvenes del Club Héctor J Díaz, a Amín, Orlando y Narcisazo; y cuando alabó a Hipólito y Abinader, brotó la “coba” al lacayismo que simula dominicanidad,
Lo hizo sumergido en la cultura política dominante, en la marea renovada de caudillismo, trujillismo y balaguerismo, que arropan las élites económicas, políticas y militares de este país y empapan no pocas figuras públicas del degradado y degradante sistema imperante.
Del deporte hay que desterrar esa cultura y excluir su obscena mercantilización. Es penoso que el olimpismo dominicano haya sido contaminado por ambos males, junto al oportunismo político que tanto promueve la partidocracia y su “clase” dirigente.
El mal es mundial y propio de un capitalismo decadente y en descomposición, con FIFA y TRUMP como modelos.
Pero dejemos a un lado las pequeñeces humanas y las manipulaciones políticas que el heroísmo de atletas y artistas logra remontar y opacar para convertirse en motivo de orgullo nacional y regional, sin olvidar el inmenso aporte de entrenadores cubanos y dominicanos.
Hablemos de hazañas, valores y medallas. Hablemos de los Luisito Pié: de jóvenes y familias consagradas y sacrificadas en pos de los éxitos alcanzados, a contrapelo de un sistema que menosprecia y estigmatiza nuestra gente negra, mestiza y empobrecida.
Falta sí un Estado que dedique más presupuesto, despliegue más educación física escolar, más respaldo al deporte en barrios y campos, y políticas para masificar y elevar sus diferentes disciplinas, sin convertirlas en fuente de lucro de oligarcas capitalistas y pasto de politiquerías infecundas.






