Opinión

¡Perdón, China!

POR JULIO MARTINEZ POZO.- China fue una gran ignorada en el discurso de juramentación del presidente Luis Abinader, hace apenas diez meses, a menos que no se pretendiera que la principal economía del mundo en términos de volúmenes se diera por bien tratada en una referencia genérica:

“La política exterior dominicana—dijo el mandatario— ha sido tradicionalmente ineficaz, y los nombramientos en su servicio exterior repartidos muchas veces como botín político.

“A través de nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores promoveremos el comercio y las inversiones en un tiempo en el que serán cruciales para nuestra recuperación. Fortaleceremos nuestras relaciones estratégicas con EE.UU, nuestro principal socio comercial y el lugar donde residen dos millones de compatriotas. Y seguiremos vigorizando nuestras relaciones con todas las regiones del mundo, incluida la Unión Europea, especialmente con nuestros socios españoles y por supuesto, redoblaremos los esfuerzos para ser un actor de trasformación económica y promotor de la democracia y su valores en toda América Latina y el Caribe”.

Luego fue secreto a voces en los corrillos periodísticos que el embajador Zhang Run, le había resultado difícil hacerse agendar para conversar con el presidente Abinader en las primeras semanas de su mandato, y, si cabía alguna duda de que la nueva administración veía las relaciones sino-dominicanas como marginales, un mes después de su inauguración, el presidente remachó su posición:

“Si China quiere invertir en áreas no estratégicas del gobierno dominicano es bienvenida su inversión, pero la decisión del gobierno dominicano es tener una alianza estratégica con Estados Unidos. Repito. Hemos sido claros en esta posición. Mi posición es que nosotros necesitamos estar en temas de alianza estratégica con los Estados Unidos”.

El más reciente mensaje del presidente con relación a China, dicta mucho de la reticencia que exhibían sus referencias anteriores:

“Acabo de conversar con el Presidente de China, Xi Jinping, sobre las relaciones bilaterales de nuestros países. Le agradecí de manera especial el permitir la exportación de las vacunas a RD. También, hablamos de incrementar el intercambio  comercial y las exportaciones desde RD”.

¿Qué ha motivado ese cambio tan notorio? ¿Por qué esa muestra de alborozo frente a unas relaciones que parecían  importar poco?

Porque la dura realidad le hizo ver al presidente Abinader que su posición inicial no era correcta, y los chinos lo aleccionaron. A la hora de afrontar el desafío de la vacunación las manos prontas y oportunas de la que dispusieron los dominicanos fueron las de ellos.

No está en discusión el sitial de la relación con los Estados Unidos, pero  a la República Dominicana le asiste el derecho soberano ensanchar relaciones para una mayor amplitud de su economía.

Desde que Richard Nixon abrió la trocha,si alguien ha enseñado de las conveniencias de las  relaciones con China, son los presidentes estadounidenses: Carter, las normalizó y  la declaró  nación  más favorecida, le gestó el puesto de Taiwán en el FMI y apadrinó su incorporación al Banco Mundial; Reagan visitó China y amplió las concesiones de Carter, y ni se diga de las esplendideces del mejor amigo de los chinos, George H. W. Bush.

China no anda exportando su modelo político, ni haciendo nada que peligre a los Estados Unidos en su vecindad, de la que el Tío Sam sólo se ocupa cuando olfatea  peligros, como el de la revolución cubana, que contrarrestó con la Alianza Para El Progreso, o el de la revolución sandinista, que contrapesó con el Plan Reagan para la Cuenca del Caribe.

Redacción

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