San Francisco de Macorís rinde emotivo tributo a don Héctor José Rizek Llabaly en solemne ceremonia

San Francisco de Macorís.- En una solemne y emotiva ceremonia que reunió el jueves nueve de abril a los sectores más representativos de la sociedad de San Francisco de Macorís, quienes rindieron un tributo a la vida y legado del destacado empresario y filántropo, Don Héctor José Rizek Llabaly.
La homilía realizada en la Catedral Santa Ana, fue presidido por Monseñor Ramón Alfredo de la Cruz Baldera, Obispo de San Francisco de Macorís, y contó con una emotivas palabras a cargo de Monseñor Jesús María de Jesús Moya, Obispo Emérito.
Durante la liturgia, se destacó la figura de Rizek no solo como un capitán de industria, sino como un hombre cuya fe se tradujo en obras tangibles para el bienestar de su región.
Un legado de solidaridad y compromiso
Monseñor de la Cruz Baldera compartió una anécdota personal que definió la filosofía de vida del empresario: la «parábola del cacao». Según relató el prelado, Don Héctor admiraba la planta de cacao por ser «la más solidaria de la creación», capaz de dar frutos exuberantes sin importar el tamaño de los árboles que le rodeen.
Esta visión de crecimiento en comunidad marcó su trayectoria en la provincia Duarte.
Entre sus principales hitos destacados durante las exequias se encuentran:
Impulso a la Educación Superior:
Fue pieza clave en la consolidación de la Universidad Católica Nordestana (UCNE), integrándose apenas 37 días después de su fundación en 1978.
Liderazgo Institucional: Presidió la Fundación Universitaria de la UCNE por más de dos décadas y fue el principal promotor de la identidad católica de la institución en el año 2001.
Desarrollo Humano:
Más allá del éxito empresarial en el sector del cacao orgánico, se resaltó su inversión en el capital humano, facilitando becas y acceso educativo a jóvenes de escasos recursos.
En lugar de buscar horizontes lejanos, apostó por generar progreso y empleo digno en San Francisco de Macorís.
Respaldo Institucional y Duelo
La ceremonia contó con la presencia de su viuda, Doña Ela, y sus hijos Héctor José, Samir, Sarah y Roxanna, acompañados de nietos y otros familiares.
Instituciones de gran calado en la vida civil ofrecieron sus respetos, incluyendo el Consejo Regional de Desarrollo (CRD), el Club Rotario, el Cuerpo de Bomberos y la UCNE, reafirmando el impacto transversal de su obra.
Monseñor Jesús María de Jesús Moya concluyó el acto describiendo a Don Héctor como un «compañero de camino y hermano fiel», enfatizando que su optimismo inquebrantable y su capacidad de dar sin esperar nada a cambio dejan una huella imborrable que continuará iluminando el porvenir de la región nordeste.
NARCISO ACEVEDO





