Utilizan el vertedero para crianza de vacas

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Santiago. La falta de un mantenimiento adecuado, hace que el vertedero que comparten los distritos municipales de La Canela y Hato del Yaque se convierta en un espacio para la crianza de animales.

Este basurero figura entre 11 depósitos que requieren ser intervenidos en comunidades de la provincia de Santiago, algunos hasta con cierre técnico, lo que no ha logrado concretarse ante las dificultades de convertir el ecoparque de Rafey en un centro de acopio regional. El vertedero de Rafey es el basurero a cielo abierto más amplio de la región del Cibao, con una ocupación de 171 mil metros cuadrados de terreno, de las parcelas 243 DC 6, 244 DC, para recibir las toneladas de basura que produce un municipio con aproximadamente 750 mil habitantes.

Desde vacas hasta perros realengos, pululan en el vertedero y se alimentan de los desechos que lanzan desde los camiones.

Humareda

Desde el amplio terreno, ubicado a escasa distancia de donde el Gobierno contempla la construcción del proyecto Ciudad el Yaque, se desprende con frecuencia una densa humareda, debido a que los camiones que depositan en el basurero, lo hacen sin control.

Hasta en el solar que pertenece a Ciudad de Yaque, se forman pequeños vertederos focalizados, que muchas veces arropan hasta la vía de acceso.

En el año 2017, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales trazó un cronograma para el cierre del espacio común donde depositan las autoridades de los distritos municipales de Hato del Yaque y La Canela, sin que hasta el momento tengan una solución definitiva.

En esa oportunidad también buscaban impedir que el distrito municipal de Pedro García depositara en Guazumal, Tamboril.

Otros basureros esperan por intervención

Otro espacio que está a la espera del cierre está ubicado en Estancia del Yaque donde lanzan sus desperdicios Villa Bisonó (Navarrete) y Villa González. Este espacio también carece del mantenimiento requerido, lo que provoca que con frecuencia se produzcan fuegos y humaredas que arropan los poblados de la zona que sigue a la espera de ayuda del Gobierno central.

MIGUEL PONCE

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