Caso haitiano: darnos a respetar y a cerrar fila con la dignidad! 

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POR LUIS ENCARNACION PIMENTEL.- Cómo salir de la trampa mortal, titulaba Pelegrín Castillo su ponencia del jueves en la habitual tertulia que auspicia el amigo Miguel Ángel Soto Jiménez en los salones de la V República que preside. 

Y lo cierto es que los viejos planes y maquinaciones de organismos internacionales y sus cómplices locales pro- haitianos son una verdadera trampa que ha surtido progresivos efectos contra la soberanía e integridad de nuestro país, especialmente por la pasividad o la indiferencia de un gran número de dominicanos.

El peligro, encima de nosotros y en aumento todos los días, no parece tener salidas a la vista, a juzgar porque los viejos males de fondo escapan del control de las autoridades respectivas.

De lo que al principio se veía solo como amenaza, se ha pasado a una realidad desbordada y de alarma, con el nacimiento masivo de hijos de indocumentadas que sangran el presupuesto hospitalario; con el ingreso incontrolado de ilegales del vecino país, que entran por infinidad de puntos fronterizos vulnerables o traen, en ocasiones hasta con aire acondicionado, fruto de un viejo y alto denunciado tráfico o negocio lucrativo, en el que se atribuye responsabilidad, complicidad y beneficios particulares en los llamados a establecer los debidos controles, uniformados o no.

En ese marco de irresponsabilidad y de corrupción, donde los indocumentados que se localizan y deportan en poco tiempo están de nuevo en el país, no hay intención o esfuerzo personal de un presidente que llegue muy lejos. 

En la práctica, la palabra empeñada o la respuesta enérgica a un intruso extranjero, como hiciera hace poco Luis Abinader con el comisionado de la ONU que cayó en el terreno del atrevimiento, la toman de relajo, a menos que se dé un ejemplo contundente, con algunos civiles tras los barrotes y algunos ramos que rueden por el suelo. 

De todos modos, si seguimos dejando hacer, dejando pasar (y entrar vecinos indocumentados), y no nos sacudimos como nación; sino nos unimos, gobierno, oposición y se remueve la conciencia nacional, vamos a perder la Patria.

 De hecho, y pese a las críticas y presiones inmerecidas, a los pedidos inaceptables, y el sacrificio económico y demás de los dominicanos en favor del pueblo haitiano, como país somos presa de una invasión pacífica, estamos inundados de vecinos, mayormente ilegales, por los cuatro costados.

Prueba al canto: dos datos oficiales, ofrecidos por actuales autoridades en ocasión de una convocatoria hace un tiempo a Palacio a representantes de distintos partidos políticos. Veamos: un levantamiento hecho por Interior y Policía registró unos 476 asentamientos de nacionales haitianos en distintos puntos del pais, en los que tienen su bandera en alto, se habla en Creole, y todo el movimiento y accionar responde a las costumbres, prácticas y la cultura de la otra parte de la isla (el general Soto aportó el dato de que  en algunos casos tenían sus propios cementerios). 

El otro dato oficial aportado es el de que en un 25% de los casos de conflictos, pleitos o hechos violentos está envuelto un nacional haitiano, sea como víctima o como victimario. Muchas veces los problemas o enfrentamientos tienen lugar entre ellos mismos. 

En fin, los planes y trampas contra esta Nación en agendas de organismos internacionales como la OEA y la ONU, y que apadrinan Estados Unidos y Canadá, entre otros, no son de ahora ni de nueva cosecha, sino muy viejos.

 Por ejemplo, lo de esos 476 asentamientos de nacionales haitianos en la geografía nacional no cayó del cielo, sino que está a tono con la Conclusión 5 de la primera misión de la ONU que visitara Haití en 1949, a 4 años de fundado el organismo, en el sentido de “fomentar la emigración natural de familias completas” hacia otros lugares. O sea, la recomendación del “desplazamiento” haitiano, donde -por cercanía- el primero y más afectado es el país nuestro, data de 73 años.

 Por eso, porque tienen una vieja música por dentro, la llamada comunidad internacional y los organismos y países cómplices de este juego irresponsable y peligroso contra los intereses y la soberanía nacionales se cruzan de brazo y se hacen los ciegos y los sordos ante los reiterados llamados del presidente Luis Abinader, del canciller Roberto Álvarez, y ahora del ministro de la presidencia, Joel Santos,  de ayudar a buscar una salida a la grave crisis de Haití, porque Republica Dominicana no puede sola con esa carga, de por sí, ya muy pesada.

 Creo que insistir con quienes, sino de complicidad, ya han dado sobras muestras de indiferencia frente al tema, a la crisis y a los llamados hechos, sería llover sobre mojado… y hasta dar pie para que nos cojan de relajo, como gobierno y como país. ¡presidente, a darnos a respetar y a cerrar fila con la dignidad!

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Redacción

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