
Provincia de Dajabón, RD.- Sobre el polvo seco y bajo el sol abrasador de la frontera, el mercado binacional de Dajabón despierta como un gigante indomable. Miles de voces se mezclan en español y criollo, tejiendo el mayor intercambio comercial del norte dominicano.
Este enclave fronterizo no es solo un punto de venta. Ante la crónica inestabilidad institucional y económica que asfixia a la vecina nación de Haití, y la baja producción de productos agrícolas y de manufactura haitiana, el mercado se ha transformado en la principal arteria para su abastecimiento vital.
“Aunque se dice que son dos los días de mercado, en realidad son cuatro. Desde hace tiempo están los días de pre mercado donde igual se venden productos y mercancías. Los días de mercado son: lunes y viernes, y los de pre mercado son domingo, jueves”, dijo Lucindo Castro, negociante de Santiago Rodríguez
El estratégico pre mercado
Antes de la gran multitud, existe un ritual esencial conocido como el pre mercado que se realiza en la zona. Sin importar si los días son calurosos o lluviosos, los jueves y domingos los comerciantes, vendedores y compradores realizan las mismas actividades que los días de mercado, pero a menor escala.
En estos días de aparente calma, miles de haitianos y dominicanos realizan las compras y ventas de mercancías en un montaje logístico imprescindible para soportar la abrumadora demanda que explotará apenas salgan los primeros rayos del sol del siguiente día.
Los días de mayor furor
Cuando despuntan los lunes y viernes, días oficiales de mercado, las pesadas puertas aduanales se abren de par en par. Una marea humana cruza el puente sobre el río Masacre, empujando ruidosas carretillas repletas de esperanzas y urgencias.
Los haitianos buscan desesperadamente alimentos básicos.
Compran miles de cartones de huevos, sacos de arroz, harinas, pollos congelados y grandes bloques de salami. Estos productos agroindustriales garantizan la supervivencia diaria de comunidades que carecen de producción local estable.
Materiales y carnes de desecho
Además de alimentos convencionales, el flujo hacia occidente incluye un comercio peculiar y crudo. Los compradores haitianos adquieren grandes cantidades de carnes de tercera categoría, compuestas fundamentalmente por cabezas de vacas, toros y diversos desechos de mataderos dominicanos.
Este tipo de proteína, descartada por el mercado formal dominicano, encuentra una alta demanda del lado haitiano debido a su bajo costo. Es un reflejo duro de la pobreza extrema y la necesidad de maximizar cada centavo disponible.
El mercado también funciona como el gran ferretero del norte haitiano. Ante la falta de distribución propia, cruzan toneladas de varillas de hierro, fundas de cemento y brillantes láminas de zinc destinadas a levantar viviendas y pequeños negocios.
El rentable retorno de las pacas
Pero el flujo comercial no viaja en una sola dirección. Desde el lado haitiano hacia la República Dominicana, el negocio más lucrativo es el textil. Gigantescos fardos de ropa y calzado usado, conocidos popularmente como pacas, dominan las transacciones.
Comerciantes de todo el territorio dominicano viajan hasta Dajabón para surtir sus tiendas. Compran tenis de marcas internacionales reciclados y prendas de vestir que ingresan masivamente a la isla a través de los diversos puertos marítimos de Haití.
Además, se comercializan juguetes de todo tipo también en pacas, que son adquiridos por vendedores dominicanos y haitianos que comercializan en la República Dominicana. También bicicletas, patinetas, muñecas, coches y sillas para bebé son distribuidos aquí.
Manufacturas y sabores exóticos
El intercambio de retorno también incluye licores extranjeros, así como de producción haitiana como la famosa cerveza Prestige y el ron Barbancourt, muy demandados por su sabor y por pura curiosidad fronteriza.
Extrañamente, en el mercado se pueden comprar los cigarrillos Capital que, siendo una marca manufacturada en los Emiratos Árabes Unidos (Dubái), ingresa masivamente de forma ilegal a la República Dominicana a través de la frontera con Haití.
Las mujeres dominicanas buscan también cosméticos tradicionales haitianos. El aceite de coco puro, la manteca de karité y diversos ungüentos artesanales cruzan la frontera para nutrir y estilizar el cabello afro, sosteniendo un dinámico comercio de belleza capilar.
El implacable reloj fronterizo
Toda esta vorágine económica, que mueve cientos de millones de pesos semanales, tiene un límite estricto. A medida que avanza la tarde, la intensidad de los tratos disminuye y las carretillas retornan lentamente a sus lugares de origen.
“Este mercado es el alma de toda esta zona. Por ese mercado los hoteles, comedores, restaurantes, motoristas, y todos los pequeños y grandes comerciantes tienen vida”, expresó Alexis Montero empleado de un hotel.
A las cinco de la tarde en punto, las autoridades dominicanas cierran las pesadas puertas metálicas. El puente queda vacío, los candados sellan la aduana, y el mercado aguarda en silencio hasta el próximo amanecer de comercio febril.
El mercado binacional de Dajabón es el motor económico más dinámico de la frontera norte y, debido a la inestabilidad institucional en Haití, se ha convertido en su principal proveedor de alimentos y bienes de consumo.
Aunque el flujo de mercancías es asimétrico, el mayor volumen de exportación e ingresos se mueve desde República Dominicana hacia Haití, el intercambio de regreso también sostiene un sector importante del comercio minorista dominicano.
Alimentos básicos más llevados hacia Haití
Huevos, pollos y partes de pollo, arroz, salami y embutidos, harina de trigo y de maíz, aceite vegetal, pastas alimenticias, carnes de tercera categoría y desechos de mataderos, materiales de construcción y ferreterías (varillas, cemento, zinc, clavos, materiales PVC, lonas etc.), artículos plásticos para el hogar (Cubos, galones vacíos, platos, vasos y utensilios plásticos reutilizables), productos de higiene y limpieza, galletas de soda, jugos en polvo y condimentos (sopitas).
JORGE GONZALEZ





