¡Pobre Leonel, que pena me da! –

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POR JUAN TAVERAS HERNANDEZ.- Pensé que, en su condición de expresidente de la República en tres ocasiones y líder del Partido de la Liberación Dominicana durante casi 20 años, pronunciaría un discurso distinto al que dijo al país “a través de una cadena de radio, televisión, prensa y medios digitales”. Fue francamente decepcionante, tanto que podría poner en dudas su capacidad intelectual para conceptualizar como sólo él sabía hacerlo en sus años de gloria.

No hay dudas que el exmandatario quedó “vuelto loco y sin idea” tras el triunfo avasallante del Partido Revolucionario Moderno que lo dejó en un lejano tercer lugar, empatado con un partido casi desaparecido como el Reformista Social Cristiano. Habla como el que defeca y no lo siente. Dice cualquier disparate o tontería sin tomar en cuenta su paso por la política y por el poder.

Leonel Fernández olvidó como “ganó” las elecciones en las que resultó “electo” presidente de la República, incluyendo la de 1996 cuando firmó el pacto racista con el doctor Joaquín Balaguer para impedir que un hombre honorable, capaz y laborioso como el doctor José Francisco Peña Gómez llegara al poder y produjera los cambios y transformaciones que demandaba el país.

Leonel olvidó, por igual, que “compró la cadena”, un método fraudulento que le garantizó, según los organizadores, más de 300 mil votos, que le permitió ganarle las elecciones al expresidente Hipólito Mejía en el 2004.

Parece haber olvidado, también, como se convirtió en el “Padre de la Corrupción” de este país. Olvidó cuando dijo en Nueva York que disponía de miles de millones de pesos para imponer a Danilo Medina como presidente de la República, el petróleo de Venezuela para asfaltar todas las calles del país, más 90 millones de raciones de alimentos para los muertos de hambre de este país. Para convertir a Danilo en presidente creó un déficit presupuestario que de algún modo aún lo paga el pueblo dominicano.

Ese charlatán de feria, que prefirió “pagar para no matar”, creador en demasía de los “Ni-Ni” (jóvenes que ni estudian ni trabajan), los hijos del PLD que hoy roban y atracan, sin ningún amor ni respeto por la vida) se alió a los sectores más atrasados y recalcitrantes del país para vender el patrimonio del pueblo a precio vil: las empresas del estado. Quebró las zonas francas, abandono el sector agropecuario destruyendo el aparato productivo nacional.

Si alguien no puede hablar de fraudes, compra de cédulas, vulneración de la voluntad popular ni de reelección, ese es precisamente Leonel Fernández, cuya tasa de rechazo es cada vez mayor, precisamente por sus acciones desde el poder. No hay, lo digo con certeza, una sola obra que durante los cincos periodos de gobierno del PLD, sobre todo los tres de Leonel, no hayan sido sobrevaluadas en más de un 30%. Y no hablo del contrato leonino con la Barry, el peaje sombra, la fundación Global, cuerpo del delito, la Sun-Land, etc., etc., etc., porque me tomaría mucho espacio.

La compra de cédulas, de todos los partidos, incluyendo la Fuerza del Pueblo, fue mínima en comparación con los años de elecciones del PLD. En la mayoría de los casos aislados, principalmente de candidatos a regidores. No hubo compra masiva de cédulas. Participación Ciudadana y los observadores intencionales así lo reconocen. Las elecciones del pasado 18 de febrero han sido de las elecciones menos cuestionadas de los últimos años. la Junta Central Electoral tuvo un comportamiento ejemplar, como bien ha sido reconocido. Los niveles de abstención están dentro del rango histórico para comicios en el nivel municipal. En América Latina, Estados Unidos y Europa la abstención es parecida o mayor. ¡Y Leonel lo sabe!

¿Por qué Leonel no se refirió a la “alianza rescate RD” con el PLD, el PRD y otros grupúsculos políticos? ¿Por qué no habló sobre la posibilidad de un acuerdo en primera vuelta y sobre qué base? ¿Estaría dispuesto a cederle la candidatura presidencial al PLD por haber ganado el segundo lugar?

Leonel da pena y vergüenza. En vez de buscar excusas baratas y baladíes para justificar su inesperado fracaso electoral, debió referirse a las razones por las cuales los dos millones 200 mil que dijo tenía inscritos en el padrón de su partido, no acudió a las urnas. Debió hablar, por igual, de las razones por las cual el PRM ganó casi todas las provincias y municipios grandes del país, un verdadero “golpe de pueblo”, como había prometido que sucedería el presidente Luís Abinader, que, respondiéndole a Leonel, sin saber lo que diría en su pobre discurso, dijo que “no celebra triunfos ni llora derrotas”, que es lo que llora Leonel.

Con su discurso al país el pobre Leonel no hace más que reconocer su derrota y presagiar el triunfo del presidente Abinader, en primera vuelta, en las elecciones de mayo, donde probablemente se produzca otra barrida, como pronostican las encuestas. ¡Pobre Leonel! ¡Se jodió!

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Redacción

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