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Muere Enrique Rocha, el villano por excelencia de las telenovelas mexicanas

Enrique Rocha, el villano por excelencia de las telenovelas mexicanas, murió este domingo de forma natural, se informó en México. Tenía 81 años.

Conocido en Latinoamérica por sus papeles antagónicos en telenovelas como «El privilegio de amar» y «Las vías del amor», llegó a desempeñar el rol de malo en al menos catorce producciones mexicanas.

Otros títulos en los que participó son «Yo compro esa mujer», «Dos mujeres, un camino», «Rebelde», «Corazón salvaje», «Una familia con suerte», «Amores verdaderos» y «Me declaro culpable», entre otras.

«El señor tenía muy buena salud, no tenía ningún antecedente, fue todo muy rápido y de manera natural”, dijo Oscar Espejer, cercano a la familia, citado por el periódico El Universal.

Rocha nació el 5 de enero de 1940 en Silao, en el estado de Guanajuato, y además de sus actuaciones se destacó por la inconfundible voz que lo caracterizaba.

Inició su carrera en la telenovela «La mentira», en 1965. Previo a eso, estudiaba arquitectura cuando descubrió por casualidad su pasión en la actuación con la puesta en escena de la obra “Hamlet”.

«Había un director que se llamaba Juan José Gurrola, y entonces un día un actor faltó, yo iba seguido a ver los ensayos, y Gurrola me dijo: – a ver muchacho, ven, súbete un momento al escenario…», contó al periodista dominicano Tony Dandrades en entrevista para Univisión.

Aunque era un malón de los melodramas, en realidad fue un poeta, seductor, un gran conquistador cuya voz enamoraba a hermosas mujeres, la mayoría menores que él. 

“No hay fórmula para la conquista (…) La conquista consiste en saber cómo es ella o qué es lo que quiere ella. Es agradable decirle un poema a una mujer y me imagino que también la mujer se sentirá halagada si le dices un poema de Pablo Neruda o un poema de amor de Borges”, llegó a decirle a Dandrades.

También era un amante de la bohemia, de la vida, que al final no la cambiaba por la actuación: «La vida me interesa más que la carrera, la vida me interesa más que el teatro, no soy de los que dicen que para mí el teatro es todo, no hay aplausos, pero hay ternura, hay amor, hay amistad, hay alegría, en teatro no, te la inventas».

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